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Archivo para 25 August 2008
Expedientes secretos X: quiero creer; o el despertar de Fox y Dana
Chris Carter mantuvo la atención pública muchos años al filo de las actividades de Fox Mulder y Dana Scully a cargo del extraño departamento de los expedientes secretos del FBI estadounidense, su mayor secreto fue la sigla “X” para designarlos (una sigla que nos remite a las series antiguas de películas cortas sobre espionaje o misterios irresolutos), pero sobre todo porque la serie, y también la película resultante para pantalla mayor, mantenían la idea central de una teoría de la conspiración en contra de los ciudadanos ajenos a la política y los quehaceres gubernamentales, salvo como causantes o víctimas. Una teoría apasionadamente aceptada por el ciudadano común que desde los años sesenta (la época de rompimiento con el autoritarismo gubernamental) rechaza el patronazgo de políticos cuya actividad socava sutilmente desde la gran economía hasta la vida cotidiana y familiar, ahora regresa con sus personajes al cine, pero esta vez dice que Quiere creer.
Desde luego su secreto parece haber estado en la trama totalmente lógica para la acción de sus personajes ante asuntos inasibles o increíbles (como la presencia de extraterrestres o los experimentos con gente común inoculando sustancias secretas para experimentar con la población impunemente), esta lógica fue tan convincente que al llegar como película al cine la respuesta inmediata fue de asombro por la audacia de sus escenarios, dignos de competir con los de Spielberg o Lucas, pero sobre todo porque hacía de la ciencia-ficción una presencia real en la vida cotidiana, convencía de que la tecnología era tan real y activa como parecía evidenciar el avance cotidiano de nuestros aparatos domésticos o de juego y la distancia entre el conocimiento científico y la educación escolar que llamaríamos “normal”.
El asunto es que los personajes quedaban en tal predicamento existencial (con Dana Scully embarazada de extraterrestres y Fox Mulder al borde de la locura en paranoia perpetua) que en la televisión hubieron de ser reemplazados; todo ello sin contar con que los actores también tuvieron necesidad de cambios profesionales antes de quedar encuadrados para siempre como agentes secretos (que fue inevitable y hasta en las caricaturas de Disney se les caricaturizó), por eso lo importante de la nueva película es que han regresado con un nuevo despertar a la conciencia en tanto personajes y en tanto mensaje para el público.
Sin haber perdido la noción de una conspiración contra la sociedad el nuevo abordaje de sus papeles como agentes nos devuelven un poco de racionalidad lógica y realista: no dejan de ser los excéntricos de la medicina y la investigación en Expedientes Secretos X: Quiero Creer, pero ahora sus métodos están justificados por el manejo de hechos y su forma particular de asociarlos para llegar a conclusiones poco comunes, sencillamente sucede que sus guionistas actuales, Sponitzsk y el propio Carter, han recuperado una tradición literaria que nunca debió ser abandonada por el género: la especulación subjetiva, el manejo complicado de datos más allá de la lógica simple, justo la llevada a su mejor expresión por Conan Doyle con su Sherlock Holmes.
Esta vez los investigadores de lo paranormal encuentran que las conspiraciones no provienen siempre del gobierno, que la designación de una conspiración del “sistema” no necesariamente atañe al gobierno como tal, sino a factores de poder que igualmente pueden ser ignorados por la población en general, aunque tengan las evidencias delante. Asi ahora las conspiraciones provienen de una sistema menos concreto que el del gobierno o del propio estado, que la sociedad en su desenvolvimiento irracional ha generado entidades de poder y conocimiento que compiten con la sociedad organizada y aprovechan sus recovecos para buscar el máximo valor del liberalismo: el cumplimiento de la voluntad individual en contra de todos, y emprenden sus acciones sin consideración alguna para nadie, en este caso hablamos de tráfico de órganos y medicina ilegal, pero lo mismo podría ser narcotráfico o ganancias petroleras.
El asunto sustancial es que Carter ha renunciado a hacerle el juego a la corriente posmodernista que predica la inutilidad de lo racional para desenvolverse en el mundo, que predica el caos como predominio en contra de toda organización social (la evaluación y sostenimiento de que las matemáticas de Heisenberg se aplican a toda circunstancia vital, aunque tan solo han sido creadas para explicar el comportamiento de las partículas subatómicas que aún estamos comenzando a conocer), y la revalidación de que la racionalidad no ha sido agotada, sino sencillamente relegada por otros intereses ajenos al de conocer para entender y vivir al mundo.
Al humanizar a Dana Y Fox enterándonos de sus tragedias personales y como pareja, Carter nos devuelve la significación de su alambicada lógica para entender el mundo que les rodea. Nos introduce en la noción de que el conocimiento y la ciencia no son tan solo la parafernalia de aplicar el conocimiento mediante transformaciones inmediatas, mediante máquinas y herramientas, sino que la racionalidad es algo que se ha dejado de lado porque se ha ido renunciando, en el ámbito académico y del poder, a explorar el verdadero instrumento útil para utilizarla en el mundo: la mente humana.
Claro que aquí comienzan las dificultades, porque el término mente en sí es bastante difícil de definir, y las disciplinas modernas han renunciado al pensamiento que indicaba la subjetividad desarrollada hacia lo objetivo como un método de tener instrumentos para vivir la vida, para estar en el mundo, se ha permitido el desarrollo de un nihilismo desesperanzado que nos reduce a individuos débiles a merced de cualquier poder organizado, y cada vez más a través de la publicidad y la propaganda tanto como al cine que se da en llamar “de diversión” se predica la inutilidad de cualquier razonamiento ante los hechos del poder, y a cambio se predica la libertad absoluta como el fin mejor de la existencia, sin que esa “libertad” tenga una definición o una claridad comprensible, sino solamente se le maneja como un ritornello propagandístico que justifique el poder individual sobre los demás.
Cuando Mulder y Scully renuncian a la lucha oficial decidieron enfrentar su propia existencia individual y de pareja, y pasaron lo que muchas parejas: pérdidas, decepciones, fracasos personales, separaciones sentimentales y prácticas como compañeros; pero persisten porque más allá de lo individual la racionalidad para entender el mundo en torno y la comprensión de que la soledad es aislamiento les mantiene cerca, aunque no necesariamente unidos a la manera de una pareja tradicional, pero el chiste está en persistir, en “no rendirse”, como dice un personaje PSI, y que Carter nos transmite con el concepto de “creer”, una creencia cercana a lo místico pero lejana a la religión, la creencia en el ser humano que comienza, lógicamente, por la creencia en sí mismo.
FILMOGRAFÍA:
Expedientes secretos X, los: quiero creer! (The X Files, i want to Believe). D. Chris Carter. Con: David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet. Guión: Frank Sponitzsk, Ch. Carter. EUA. 2008.
Viaje al centro de la tierra 3D, tras las huellas de la ciencia-ficción
Primero que todo la fascinación por los volcanes, una emoción comprensible para los que habitamos un país montañoso, una atracción que debe haber motivado a Julio Verne para especular sobre ese mundo plutónico donde se suman todas las fuerzas aún inalcanzables por el hombre, y después el tremendo mundo de la oscuridad en el reino del herrero olímpico: la misteriosa y fascinante oscuridad rica en cristales y metal que conocemos gracias a las minas, y todo ello confluye en la novela del ingeniero francés y en la película de Eric Beving.
Recurrir a los clásicos puede ser una garantía de taquilla. Desde el nacimiento del cine Verne es una promesa de interés público, pero la modalidad de actualizarlo todo ha devenido en empobrecer las adaptaciones de literatura en el cine porque no siempre se puede acomodar a situaciones posmodernas lo escrito por autores de otra época. En lo que se refiere a la ciencia-ficción esto tiene una vertiente doble: o bien se actualizan los temas hasta desfigurarlos mediante el empleo de “efectos especiales” (como el caso de Día de la independencia respecto de La guerra de los mundos) o se revalúa la visión original de las formas y métodos de conocimiento, como en la versión televisiva del mismo Viaje al centro de la Tierra o en la serie de televisión basada en La isla misteriosa; aunque también funciona en términos de nostalgia reconstructiva, como en El dueño del mundo (para Robur el conquistador) y Los primeros hombres en la luna (siguiendo a Wells), pero el caso de esta cinta de Beving lo que se revalúa es la función del género.
El término ciencia-ficción (así, con guión ligando las palabras) fue inventado por un editor estadounidense de origen alemán, Hugo Gernsback, quien tenía claras intenciones didácticas muy de acuerdo con la época de apogeo en investigación tecnológica en el país del norte; él instituyó un género que pretendía educar conforme divertía, sin embargo las exigencias pedagógicas que imponía frenaban el desarrollo literario de los autores, incluso en su propia obra, ya casi olvidada a pesar de su carácter pionero en materia de ciencia y tecnología (fue el primero en describir una máquina y sistema de comunicación que incluía imagen y sonido, la hoy llamada televisión), por lo que su función como editor del género fue demasiado breve, sin embargo no cejó en sus intentos y con el tiempo llegó a producir para televisión programas fantásticos de difusión científica que hoy pocos recordamos (por ejemplo el teatro de ciencia y ficción, de los años cincuenta.
Esta relación entre divertir y adquirir conocimiento ocupa el centro de la película Viaje al centro de la tierra 3D, y salvo una trama que no soportaría ninguna actualización en la época de la tectónica de placas, lo interesante es que los hermanos Weiss como guionistas y Beving como director supieron establecer para el público la distancia adecuada entre lo fantástico (Siempre espectacular –en 3D- y efectista) y la realidad del conocimiento y quienes lo procuran. Buena parte de este mérito residió en la elección de Brendan Frazer para estelarizar al geólogo excéntrico Trevor Anderson que realiza el viaje tras las huellas del Profesor Lindenbrock, aunque el pretexto para realizarlo sea tan baladí como en todas las otras versiones: una búsqueda personal, que ahora no es por el esposo desaparecido tras una quimera, sino del hermano cuyas anotaciones científicas coinciden con estudios computacionales y se localizan en su ejemplar personal de la novela de Julio Verne.
Esto es lo importante de la película: anotar la importancia de un género literario que ha ejercido gran influencia en al formación de científicos, tecnólogos y especialistas a partir de las locuras científicas y tecnológicas que propone; y no es solo una especulación gratuita, buena cantidad de científicos actuales han declarado su afición temprana por el género, en el cine o en la literatura, como el marsólogo ruso más famoso, o como el propio Arthur C. Clarke o Asimov, que además de escritores fueron científicos reconocidos.
Claro que para representar a este tipo especial de hombres de ciencia que admitían el valor de la imaginación como factor positivo para su actividad se necesita cierta imagen excéntrica, justo al que ha creado a lo largo de su carrera Frazer, desde su personaje de Adam Webster en Mi novio atómico, como sobreviviente de la locura sesentera por la bomba atómica, o como personaje que compite con historietas animadas por el espacio vital (cosa que apenas pudieron hacer Gene Kelly con Tom y Jerry o Bob Hoskins con Roger Rabbit) y ahora como tío-padre sustituto forzado de Josh Hutchenson encarna al idealista inspirador de la indiferencia juvenil.
Este tipo de personaje ha sido el centro de atención del género en el cine, desde los científicos locos de Meliès hasta el fantástico Henry Frankenstein de Wahle el cine ha creado la idea del científico en tanto creador casi involuntario de monstruos o de fenómenos incontrolables, pero siempre es el centro de un heroísmo desapercibido por la sociedad, especialmente cuando, como en el caso del Dr. Anderdson de Brendan Frazer, que tiene la certificación de que todas sus teorías científicas son falsas y no es así con las especulaciones fantásticas de un escritor ochocentista.
La película en realidad es divertida, su carnosaurio subterráneo tiene el toque cómico que ya había dado a este tipo de animación Ray Harryhausen para la película El Cavernícola, pero la secuencia del mar interno con sus plesiosaurios devorando peces pelágicos saltarines resulta de una fantasía emocionante e ingenua sin legar a la estupidez, porque jamás pretende un viso de realidad, la cinta se presenta como una fantasía que podría ser fruto simplemente de la relación entre tío y sobrino, de una recuperación emocional de los lazos familiares y humanos, una aventura compartida e incomunicable, que, por otra parte, tiene verificación por las piedras preciosas que rescata el niño, aunque no sea importante si son o no parte de un mundo en el centro e la tierra. En fín, que el valor de ir al cine no es necesariamente informarnos, sino vivir una emoción gratificante, y en una época de vacío existencial y aburrimiento bien vale la pena sustituir la montaña rusa con carritos de minero que no llevan a sitios angustiosos como lo hacen en las películas pretenciosas de Spielberg.
Filmografía:
Viaje al centro de la tierra. (Journey to the center of the Heart). D. T. J. Scott. Con: Rick Schroeder, Victoria Pratt, Peter Fonda. Guión: Thomas Brown y William Gray, basados en la novela de Julio Verne. EUA. TV. 2008.
Viaje al centro de la tierra 3D. (Journey to the center of the Heart 3D). D. Eric Beving. Con: Brendan Frazer, Josh Hutchenson, Anita Briem. Guión: Michael Weiss y Michael D. Weiss, Jennifer Flackett y Mark Levin, basados en la obra de Julio Verne. UA. 2008.(fotografía de CHUCK Schuman)
Viaje al centro de la tierra. (Jules Verne’s Journey to the center of the Heart). D. Henry Levin., Con: James Mason, Pat Boone, Arlene Dahl. Guión: Walter Reisch, basado en el libro de Julio Verne. EUA. 1959.
Mi novio atómico o Explosión del pasado. (Blas from the past). D.Hugh Wilson. Con: Brendan Frazer, Alicia Silverstone, Christopher Walken. Guión: Bill Kwelly. EUA. 1999.
Looney toones Back in action. D. Joe Dante. C on: Brendan Frazer, Jenna elfman, Steve Martin. Guión : Larry Doyle. EUA. 2003.
Cavernícola, El.(The caveman). D. Carl Gottlieb. Con: Ringo Star, Dennis Quaid, Shelley long, Barbara bach. Guión: C. Gottlieb y Rudy de Luca. EUA/MÉX. 1981.