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Archivo para July 2008
Viaje al centro de la tierra, del clásico al indefinido
Con los clásicos todo resulta problemático en el momento de llegar al cine, lo mismo sea que provengan de la literatura, de la historia o de las artes plásticas; en el caso de géneros como la ciencia-ficción el termino clásico nunca está mejor aplicado que con H. G. Wells o Julio Verne, especialmente cuando se trata de una de sus obras más populares como ha sido el Viaje al centro de la Tierra desde que se publicó en el último tercio del siglo XIX, y ahora nos enfrentamos a dos nuevas versiones casi simultáneas para el cine para una obra muy maltratada por el cine.
En principio su tema y la manera de abordarlo por el ingeniero naval Verne fue muy discutible desde que la escribió: resulta que justo cuando él propone que el centro del planeta es hueco la ciencia contemporánea propuso nuevas formas de origen al mundo como una masa ígnea enfriándose, y con ello el descubrimiento de la tectónica de placas y el desplazamiento de los continentes (claro que esto fue ya avanzado el siglo XX); pero la novela se engloba en el gusto por las aventuras fantásticas que exaltaban la conquista y el expansionismo civilizador.
Parece que la inspiración de Verne fue orientada por el gusto a la espeleología, así pues el descenso subterráneo sirve de espectáculo apropiado para el celuloide, lo mismo en los primeros intentos ingenuos de Georges Méliès (Viaje a través de lo imposible), y de Segundo de Colón (Viaje al fondo de la Tierra) que en la versión a colores de Henry Levin donde James Mason da a Pat Boone la única oportunidad decente de aparecer en el cine (desde luego sin cantar).
El atractivo principal de estas cintas es la visión de las entrañas terrestres con una sorprendente modalidad: se puede ver perfectamente todo en un sitio sin luz; claro que el guionista de Levin, Walter Reisch, inventa luminiscencias fosfóricas que sirven de pretexto para la iluminación imposible en el fondo de cavernas, y se hubieron de crear aventuras relacionadas con el mundo mineral muy poco creíbles pero atractivas, que redundaron en un fracaso de público que desalentó a otros productores para llevar a la pantalla obras de Verne (excepto por la aventura de William Whitney adaptando Robur el conquistador a la pantalla).
En la versión de T. J. Scott para la televisión este es un detalle atractivo por su verosimilitud: el descenso se hace en condiciones pobres de iluminación, hasta que alcanzan el Valle perdido del interior (esto es de Verne, claro), y a partir de entonces regresamos a la aventuras ochocentistas de conquista y expansión: el encuentro con una tierra ignota donde el hombre blanco (Peter Fonda) es adorado como un enviado del destino, los hombres (y la mujer, inexistente en la novela) imponen su conocimiento superior del mundo y la tecnología para conquistar a los “primitivos”habitantes de ese mundo y después se libran de ellos escapando para dejarlos desarmados ante al destrucción que la naturaleza desata contra ellos.
La versión en camino de estreno exhibe ya fotografías de un submundo lleno de seres prehistóricos(indefinidos en las imágenes disponibles), tal como todas las versiones han hecho (en la de televisión resultan ridículos en una época de simulación electrónica, mientras para Levine el disfraz de iguanas como dimetrodontes funcionó apenas a medias para el público adolescente), y el centro dramático de todas parece haberse concentrado en el escape del mar interior donde coinciden las fuerzas gravitacionales, en fin, la solución de Whitney fue un volcán que hace erupción, para Scott tan solo se pierde el malo (Peter Fonda, de nuevo)y nos ofrece una versión de las equivocaciones eruditas del Dr. Lindenbrock (Schroeder) al resultar cierta la fuente subterránea del lago superficial hacia el cual escapan los expedicionarios, y la expedición sale a la superficie para que se realice el amor entre el explorador (Rick Schroeder) y la dama de alcurnia (Victoria Pratt).
Nuevamente el cine risa el rizo y repasa la visión ideológica de una época perdida para enseñarnos que el imperialismo, al estilo antiguo cuando menos, resulta infructuoso, de alguna forma Scott hace una reflexión acera del tema de algunas películas como Kongo, de William Cowen, donde Walter Huston es el hombre blanco convertido en dios que tiene que pagar la corrupción involucrada en confundir su base cultural occidental con el exotismo de los nativos ignotos, y paga el precio de esa corrupción que actúa en ambos sentidos: hacia el occidental y hacia los nativos cuya “naturaleza” ha sido transformada por el visitante.
Es igualmente una especie de repaso intelectualizado sobre una época: la del expansionismo occidental, marcada por la aparición de los grandes inventos, entre ellos el propio cine, y por los grandes cambios históricos que marcarían el derrotero de la civilización para el siglo siguiente, y también de cómo cambió el pensamiento científico imperceptiblemente para dirigirse hacia la investigación tecnológica , solo que esta vez se aleja de Verne por cuanto sus personajes representan una fauna más verosímil de expedicionarios, en vez de los consabidos eruditos europeos se trata de aventureros de la acción, de estadunidenses, pues, como en la historia real sucedía en al época propuesta (la de los 55 días en Pekín, de la guerra contra España, del inicio de las industrias automotriz y aeronáutica, de los buques insumergibles como el Titanic), y con la alusión directa al expansionismo estadunidense, esta vez ubicando la acción en la Alaska recién adquirida de los rusos.
Lo mejor de todo es que esta producción para la televisión canadiense es una muestra de la nueva reflexión posmoderna acerca del origen de nuestra visión actual del mundo y el pensamiento como la revisita a un modernismo inacabado que debe revaluarse, no simplemente desecharse.
Una nota extra: quizá la mejor versión de un viaje al centro de la Tierra sea la extraña fantasía excesiva de El núcleo, donde el viaje a través del magma se realiza dentro del canon dramático establecido por Verne si que tenga mucha relación directa con su desarrollo.
Filmografía:
Viaje al centro de la tierra. (Journey to the center of the Heart). D. T. J. Scott. Con: Rick Schroeder, Victoria Pratt, Peter Fonda. Guión: Thomas Brown y William Gray, basados en la novela de Julio Verne. EUA. TV. 2008.
Viaje al centro de la tierra. (Journey to the center of the Heart 3D). D. Eric Beving. Con: Brendan Frazer, Josh Hutchenson, Anita Briem. Guión: Michael Weiss y Michael D. Weiss, basados en la obra de Julio Verne. UA. 2008.
Viaje al centro de la tierra. (Jules Verne’s Journey to the center of the Heart). D. Henry Levin., Con: James Mason, Pat Boone, Arlene Dahl. Guión: Walter Reisch, basado en el libro de Julio Verne. EUA. 1959.
Viaje al fondo de la Tierra (Voyage au centre de la Terre). D. Segundo de Chomón. Guión: S. de Chom´n, basado en la novela de Julio Verne. Francia, Pathè, 1908.
Viaje a través de lo imposible. (Voyage a travers l’impossible) D: Georges Méliès, intérpretes: G. Méliès, Fernande Albany, Johanne D’Alcy. Guión: g. Meliés, basado en julio Verne. Francia, 1904.
Aventuras en el centro de la tierra. D. Alfredo B. Crevenna, intérpretes: Kitty de Hoyos, Javier Solís, Columba Domínguez, guión: José María Fernández Unsáin, México, Sotomayor, 1964.
Dueño del mundo, El (Master of the World) D. William Witney. Con: Vincent Price, Charles Bronson, Henry Hull. Guión: Richard Matheson, basado en la novela Robur el conquistador, de Julio Verne. EUA, American International Pictures, 1961.
Kongo. D. William Cowen. Con: Walter Huston, Lupe Vélez, Virginia Bruce. Guión: Kilboum Gordon, basado en la pieza teatral de Chester de Bonde. EUA. 1933.
Núcleo, El, misión al centro de la Tierra (Core), D. John Amiel. Con: Aaron Eckhart, Hilary Swank, Delroy Lindo. Guión: Cooper Layne y John Rogers. EUA, Paramount, 2003.
Elizabeth Taylor en El Traidor
“El Traidor” (The Conspirator) rodada a finales de 1948 en Inglaterra y lanzada al mercado hasta marzo de 1950, con el reclamo publicitario de tener en ella Elizabeth Taylor su primer rol de adulta, el atractivo actual de su visión solo puede obedecer a una curiosidad de cinéfilo, por conocer todos los filmes de la gran estrella de los ojos violeta, pues desde su estreno la crítica nunca trató bien esta historia melodramática de la ingenua americana que se casa con un oficial británico, que le pasa información a los rusos en los primeros años de la llamada “guerra fría”.
La joven Melinda Greyton (Elizabeth Taylor) quién esta de visita en Londres, asiste a un baile de debutantes, en el cual conoce al atractivo Mayor Michael Curragh (Robert Taylor), con el cual, a pesar de su diferencia de edades, vive un apasionado noviazgo que culmina en su matrimonio. Conforme transcurren los primeros meses de ensoñación y atolondramiento marital, va percibiendo, Melinda, un comportamiento extraño en Michael, que la lleva a descubrir la doble vida del Mayor, como espía al servicio de los rusos. Michael recibe la orden de sus superiores de eliminar a la muchacha, para no poner en riesgo su labor, pero él se rehúsa a hacerlo, después de fallar en un primer intento. Melinda busca convencerlo, con una serie de cuestionamientos morales y sentido del deber con la patria, de que se entregue, aunque ya también el servicio de inteligencia británico sospecha de Michael y antes de arrestarlo, este termina por suicidarse, para ya no causarle mayor daño a su bella e inocente esposa.
“El Traidor” que pasa en televisión por TCM con el título de “Traición”, aquí en México, es, en un sentido amplio, un melodrama de propaganda bélica, con un mensaje muy claro, para los simpatizantes de los soviéticos, en el “mundo libre” de aquel entonces, que los pro comunistas acabarían terminando mal, sobre todo al presentar a los agentes rusos, como unos seres malvados, carentes de sentimientos, dispuestos a eliminar a cualquiera que se interponga en su camino, así sea su adorable esposa, claro que siendo el galán Robert Taylor, el encargado de darle vida en la pantalla al espía, la MGM no se podía dar el lujo de llevar hasta los extremos el comportamiento del personaje, dándole la salida airosa del suicidio, como una especie de arrepentimiento final de haber traicionado a su patria, por pueriles motivaciones económicas, al darse cuenta que los comunistas son unos seres despreciables, que sólo buscan el poder por el poder, sin importarles la suerte de sus compatriotas o simpatizantes.
En todo caso si uno se arriesga a ver “El Traidor” debemos de hacerlo concientes de disfrutar con la presencia de Elizabeth Taylor, la cual tenía, el momento del rodaje la edad de diez y seis años, con ocho meses, pues no olvidemos que la actriz nació en Londres, el 27 de febrero de 1932, pero su desarrollo físico ya correspondía al de una mujer de por lo menos 18 años, tal y como lo lograría denotar un reportaje grafico que realizó Philippe Halsman en febrero de 1949, publicado en la revista “Life”, donde como dice Alexander Walker en su libro biográfico sobre la actriz: “su floreciente sexualidad fue captada en su totalidad por la probada experiencia del fotográfo Philippe Halsman, al que le habían encargado que la retratara en sus diecisiete años”.
“Tienes pechos –le gritó-, así que sácalos.”
“Además le dijo que un lado de su cara –la que a él le gustó- tenía un aspecto mucho más joven que el otro. Como es lógico suponer a Elizabeth le gustó más el otro. La fotografía de ‘Life’ es la de una precoz diosa sexual, de invitadora sensualidad, todavía distanciada, con sus semidesnudos pechos como bolsas de dinero bien repletas bajo su vestido de satén. Este énfasis mamario era característico en la época de la posguerra en la moda y en la publicidad de las revistas de masas, el cual trasladaba el interés erógeno por encima de las piernas.”
Según parece dicha fotografía, aparte de ganarle la admiración de los fanáticos del cine, despertó en el magnate Howard Hughes el deseo de poseerla, llegando a pedir la mano –según se dice en algunas biografías- de la actriz, a cambio de ofrecer una dote de por lo menos un millón de dólares. Oferta que parece fue rechazada en ese momento, tanto por la actriz como sus padres.
Según se cuenta, en el verano de 1948, Elizabeth conoció a Glenn Davis, un muchacho de veinticuatro años, de servicio en el ejército en Corea, que andaba en Hollywood en una gira de promoción para el enlistamiento, ya que había sido una destacad figura en el deporte colegial. Liz y Glenn se hicieron novios y mientras parecía un romance pasajero, la propia agencia de publicidad de la MGM, se encargó de promoverlo, en aras de ir preparando al público con el crecimiento de la actriz y la aceptara en roles que pudiera mostrar su madurez sexual, sin que se diera el rechazo que se tuvo con otras actrices niñas, sobre todo con Shirley Temple y Deanna Durbin, las cuales simplemente tuvieron que dar fin a su carrera cinematográfica, al no tolerar la audiencia su natural evolución física, a pesar de que la Temple había dado muestras de capacidad interpretativa en algunos roles dramáticos. Pero cuando Elizabeth y Glenn comenzaron a hablar de planes de boda, tanto Sara, la dominante madre de la actriz, como el productor ejecutivo Pandro Berman, consideraron prudente buscar el fin de dicha relación y aprovechando que Glenn tenía que regresar al servicio activo en Corea, la MGM a la vez envió, para poner mayor distancia entre los enamorados, a la actriz a rodar una película en Inglaterra, con el objeto de que al no poder verse en meses se desvaneciera el romance.
Esa pudo ser una razón valedera, aunque la columnista Hedda Hopper, citada por Alexander Walker, manejó también la tesis de que de cierta forma la historia de “El Traidor”, retomaba elementos de la exitosa “Luz que Agoniza” (Gaslight, 1944) en la cual Ingrid Bergman era una recién casada que descubría, aunque no por razones de espionaje, que su marido (Charles Boyer) intentaba asesinarla. En todo caso las dos versiones, sobre las razones para que Elizabeth fuera enviada a Inglaterra, no son excluyentes, pudiendo ser válidas ambas, al igual señalar que el cálculo de que el público aceptaría esa historia de misterio y espionaje, resultó equivocado, en parte por la poca inspirada dirección de Victor Saville, así como problemas con el guión y la censura, que retardaron el estreno de “El Traidor”, tal y como lo cuenta Alexander Walter: “…cuando enviaron la primera copia a Hollywood procedente de los estudios de Elstree: la bata de baño de Elizabeth se había abierto durante un forcejeo con Robert Taylor, revelando más de lo que los censores consideraban que debía enseñar una mujer y menos aún una niña de precoz madurez”.
“Un cablegrama enviado a Victor Saville le ordenó que retocaran la escena sin la menor dilación y que destruyera el negativo original. A Elizabeth le divirtió la agitación que había provocado su breve exhibición. Aunque ella por el momento no causaba ‘ningún problema’, ya se empezaba a entrever que saboreaba el poder de su belleza y sus generosas prendas.”
“Se esperaba mucho de ‘The Conspirator’ cuando empezó el rodaje el 9 de noviembre de 1948. Una semana o dos después, Ben Gotees cablegrafió a Hollywood entusiasmado: Los Taylor forman un equipo sensacional y Elizabeth es tan bella y tan capaz que es indudable que se convertirá en una de las estrellas más grandes que ha conocido la pantalla”.
“Muy pronto, sin embargo, empezaron a intranquilizarse por el cariz que estaba tomando la película. La voz de Elizabeth no poseía la fuerza o el carácter que requería su primer papel dramático. Lo que era apropiado para los musicales de Universidad y comedias familiares no trasmitía la emoción necesaria cuando descubre que su marido obedece las órdenes del Partido Comunista de asesinarla, lo que intenta hacer primero durante una cacería de patos y luego, cuando se entera de que ella está a punto de denunciarle, la ataca en su casa. El diálogo es cómico y carente de sutileza:”
“Elizabeth: eres un espía y un traidor”.
“Robert Taylor: recuerda que eres mi esposa.”
“Y el mesaje de amenaza a la paz del mundo del comunismo de 1948 a través del miembro del Partido que rompe su matrimonio resulta en cierta manera un fracaso. En la película existe una sutil aunque curiosa coincidencia: el personaje de Elizabeth se llama Melinda. Donald MacLean, el traidor británico que voló a Rusia con Guy Burgess tres años después de ‘The Conspirador’ tenía una esposa del mismo nombre”.
“La MGM esperó un año a estrenar la película. Esto no fue debido simplemente a sus deficiencias dramáticas. Los estudios se encontraron con un problema de relaciones diplomáticas. ¿Se trataba de una película anti-Rusia? El Departamento de Estado estaba preocupado, a pesar de la entrevista que el productor Arthur Hornblow había concedido antes del rodaje”.
“-Se trata solamente de un estudio sobre la traición de un inglés… Los rusos con los que él trabajaba en Inglaterra no son traidores.”
“Sin embargo los censores británicos no estaban tranquilos. ‘La situación diplomática es tal –decía un memorándum interno de la MGM-, que la descripción de Rusia bajo un aspecto desfavorable puede ser prohibida (por los censores en Inglaterra’. Existía además el problema de las referencias a los traidores británicos del momento –el anglo irlandés William Joyce (conocido también como ‘Lord Haw Haw’ en sus trasmisiones radiofónicas desde la Alemania nazi), John Amory, el hijo traidor de un ministro del Gabinete Británico y Norman Baillie-Stewart, un guardia (como el personaje de Taylor), prisionero durante cinco años en la Torre de Londres en los años 30. El memorándum de la MGM continuaba: ‘Mientras se pueda señalar a estas personas como traidores, una minoría pequeña aunque poderosa podría crear dificultades si se ‘sugiere’ que vendieron a su país (sic) por dinero. No se puede olvidar que los Baillie-Stewart son una respetable familia y que el padre de Amory es un hombre Público de buena reputación y líder del Partido Conservador y podría ser nombrado de nuevo ministro de Gabinete. Una referencia a Amory puede ser considerada como una referencia al padre… (lo que sugiere) que limites tus referencias a Lord Haw Haw’. La mayor parte de estos riesgos específicos ya se habían eliminado de la película cuando empezó el rodaje, pero el recuerdo del famoso caso por libelo en los años 30, cuando una producción de la MGM había difamado inadvertidamente a un miembro viviente de la antigua aristocracia rusa al sugerir que había sido violada por Rasputín, todavía obsesionaba a los estudios. Y los estudios no deseaban una repetición del costoso episodio hiriendo la sensibilidad de ciertas familias británicas poderosas de manera incorrecta”.
¿Cuántos de los fallos en la dramaturgia de “El Traidor” se debieron a las razones anteriores? Imposible saberlo y en todo caso lo que cuenta es el resultado final o sea la película que uno ve en la pantalla, sin tener obligación de conocer o justificar el resultado, debido a la problemática de su rodaje y concepción, aunque eso si, a pesar de sus incongruencias o debilidades en el guión, si uno tiene entre sus actrices preferidas a Elizabeth Taylor, difícilmente se sentirá defraudado al contemplar en la magnificencia de su belleza emergiendo a su plenitud sexual, con una precocidad de adolescente de 16 años y medio, que quedó fijada en “El Traidor”, para el deleite visual de los espectadores.
...[Leer la nota completa]Los Cautivos: The tall T de Boetticher
El inicio de “Los Cautivos” (The Tall T, 1957) es similar a los de la mayoría de los westerns dirigidos por Budd Boetticher, en que vemos avanzar, desde la lejanía, como un punto imperceptible en el horizonte, algo que se mueve y conforme se acerca descubrimos que se trata de un jinete, cabalgando solitario, a través de un paisaje, por lo regular, escarpado, con poca vegetación, más bien árido, escarpado y rocoso.
Al respecto el director señalaba en una entrevista: La simplicidad es esencial en el western. Mis planos generales al principio de mis películas son importantes porque cuando uno ve a un hombre solo cabalgando por la pradera, entre las rocas, sentimos la enorme longitud de su camino y adivinamos que es un hombre que ha matado. Instantáneamente nos preguntamos quién es, adónde va y por qué. Y así, en pocos segundos, hemos contado la película”.
En el caso de “Los Cautivos” una vez que han terminado los créditos, los cuales han sido insertados en ese plano general, se corta al interior de una casa, viendo sólo una sombra que trae en una de sus manos un rifle, mirando a través de la puerta en la lejanía que se acerca el jinete, al tiempo que un niño –su hijo- le grita, a su padre que está encargado de la posta de las diligencias, que se trata del Sr. Brennan (Randolph Scott), al cual ha logrado distinguirlo por su caballo, dejando el rifle en el pórtico saliendo a recibir al jinete.
Brennan le explica que va camino del pueblo de Contention, al rancho de su antiguo jefe, donde era capataz, antes de decidirse a tener su propia granja, la cual atiende él sólo, para ver si le vende un toro semental. El chiquillo, quién se ha ocupado de darle de beber al caballo del visitante, le encarga unos caramelos de cereza a éste, quién queda de traérselos camino de regreso a su propiedad. Brennan apuesta con su viejo jefe su caballo, a cambio de domar el toro que le interesa, perdiendo la apuesta, por lo cual tiene que volver a pie a su granja.
En el camino Brennan es recogido por la diligencia que conduce su viejo amigo Ed (Arthur Hunnicutt) a pesar de la oposición del antipático Willard (John Hubbard), el contador de una mina, que se ha sacado la lotería al casarse con la solterona Doretta (Maureen O’Sullivan) hija única del dueño del mineral. Al llegar a la posta Brennan y Ed perciben algo extraño en el ambiente, al no salir el chico o el padre a recibirlos. De pronto, desde la casa del encargado, se oye una voz que les ordena arrojar sus armas. Una vez que se han quitado sus cartucheras, vemos aparecer a tres hombres y creyendo Ed que puede sorprenderlos, trata de eliminarlos disparando una escopeta que traía escondida, pero antes el bandido mexicano Chink lo mata.
Los bandidos, al mando de Frank Usher (Richard Boone) suponía que se trataba de la diligencia del correo y no de una en viaje especial, para llevar a Willard y Doretta, en su luna de miel. Willard atemorizado y comportándose como un cobarde, creyendo que podrá salvar su vida, revela la identidad de su esposa, que ha sido enviada al interior de la casa a preparar comida, asegurándole a Usher que su suegro pagará un cuantioso rescate, a cambio de la vida de la mujer. Usher se convence y manda al tercer bandido Billy Jack (Skip Homeier), junto con Willard, con un recado para el padre de la muchacha, pidiéndole cincuenta mil dólares de rescate, quedándose de ver en una mina abandonada que les ha servido de escondite.
Usher, a quién le ha simpatizado Brennan con su laconismo y valor sereno, en contraste con la pusilanimidad de Willard, decide dejarlo, por el momento con vida, pues no sabe si necesitará de su conocimiento del terreno. Brennan le solicita que le deje enterrar a Ed, pero se le ordena que lo arroje al pozo, donde están también los cadáveres del encargado de la posta y su pequeño hijo.
Con una gran eficacia narrativa en imágenes y diálogos precisos, sin caer en artificios, se va desarrollando “Los Cautivos”, sobre todo en la manera de irnos dando a conocer la personalidad y motivaciones de los villanos, pues el personaje de Scott, como bien lo señala Boetticher, desde el inicio, con su forma de presentarlo nos ha dicho ya todo lo que se necesita decir para entender a ese solitario.
“Los Cautivos” fue el segundo de los siete westerns que realizó Boetticher, llevando de protagonista a Randolph Scott (para un mayor detalle de todo el ciclo ver en este mismo blog de www.cineforever.com los textos sobre la biofilmografías de Randolph Scott y Budd Boetticher). Aunque en el caso de “Los Cautivos” la motivación del personaje para enfrentarse a los maleantes es exclusivamente el de sobrevivir y no la venganza de la muerte de su esposa, pues a pesar de la categórica afirmación del director en sus entrevistas en que señalaba “todos los films con Randy Scott cuentan más o menos la misma historia con variantes. Un hombre al que le han matado la esposa busca al asesino. Eso me permitía mostrar relaciones bastante sutiles entre un héroe que se obstina equivocadamente en la venganza y una serie de forajidos que, contrariamente, intentan romper con su pasado”, no sucede así en “Los Cautivos”, al igual que en “Patrulla de Audaces” (Westbound), pero como lo señala Quim Casas en su “Estudio de Budd Boetticher”, publicado en la revista Dirigido de enero de 2002: “en las otras películas en las que Scout no busca saciar su venganza, las características del personaje son similares, sobre todo en su relación esquiva con las mujeres que por una u otra razón, casadas, viudas o solteras, se cruzan en su opaco itinerario. El personaje, además, parece definitivamente adherido a los alucinantes escenarios naturales que le buscó Boetticher, a la peculiar geografía rocosa y calcinada, de grietas hondas y pasos laberínticos, de un lugar llamado Long Pine”.
Si bien en términos industriales y sobre todo por haber realizado el grueso de su obra, en los años cincuenta, cuando todavía existía la llamada producción de serie B, es indudable que las películas de Boettichear pertenecen a ese universo, dado el coste de las mismas y que no pasaban de ser rodadas en un máximo de tres semanas; pero si nos atenemos a sus resultados artísticos, es indudable que debemos coincidir con el director quién afirmaba: “para mí no existen las películas de serie B o A, sólo hay películas buenas o malas”.
Vaya como manera de definir a un personaje el siguiente entre Brennan y Usher:
Usher: “¿Está usted casado?”.
Brennan: “No”.
Usher: “No es bueno vivir solo”.
Brennan: “Eso dicen”.
Usher: “No, no es bueno. Se termina hablando de mujeres y de alcohol, y eso es malo, incluso para un hombre con tan pocos escrúpulos como yo… ¿De que vive usted?”.
Brennan: Tengo un rancho”.
Usher: “Algún día tendré yo uno”.
Brennan: “Matando”.
Usher: A veces no es posible elegir”.
Respuesta que también lleva implícita su aceptación en cuanto a que sus compinches Chink y Billy Jack no son la mejor compañía, sobre todo Chink quién demuestra un gran placer en matar, el cual no dudo en acatar la orden de Usher de eliminar a Willard, una vez que llevó el mensaje a su suegro y estaba dispuesto a dejar a su esposa en manos de los malhechores, con tal de salvar él su vida. Cuando Brennan le cuestiona su proceder Usher se limita, entonces, a señalarle que le repugnaba su cobardía. Brennan no se queda contento con la respuesta, reclamándole que se autoproclame juez supremo, Usher le replica: “si no entiende la diferencia, no se la puedo explicar”. Lo cual, simple y llanamente, significa que con toda y su frialdad, de alguna manera Usher responde a un código de honor, a una forma de comportamiento que se espera de un hombre y Willard, no supo serlo.
Efectivamente tanto Boetticher como su guionista Burt Kennedy, nos trasmiten y esbozan sus ideas, con una gran economía de lenguaje, buscando no ser reiterativos o cayendo en abundantes explicaciones psicológicas, pues como dice Carlos F. Heredero en relación al personaje de Scott y por extensión al estilo de Boetticher: “su severa, intransigente y circunspecta expresión verbal trasmite, al mismo tiempo, una rudeza primigenia, una autenticidad rural y una sofisticación compleja. Es una imagen seca, despojada de todo circunloquio dramático, sumamente estilizada pero no desprovista de ironía ni de amargura”.
Es posible argüir que las limitaciones económicas obligaban a Boetticher a ingeniárselas, para que con pocos emplazamientos de cámara y mínimos decorados, lograr comunicar con gran intensidad, la soledad o mezquindad, así como la soterrada violencia de los pocos personajes que componen sus historias y en particular “Los Cautivos”, con tal sobriedad de elementos; pero todo ello solamente habla del enorme talento del director para trascender sus limitaciones, a las que también estuvieron expuestos una infinidad de directores, pertenecientes a la llamada serie B, que nunca pudieron levantar o descollar en Hollywood, como lo logró Boetticher, sobre todo con el ciclo protagonizado por Randolph Scott.
Sobre esta maestría del director cabe volver a citar a Quim Casas: “estas películas resultan enormemente realistas pese a que el director, con razón, dijera que lo único poco creíble era la edad del personaje central, cerca de los cincuenta años, cuando las gentes que se ganaban la vida con el manejo del revólver acostumbraban a morir mucho más jóvenes. El realismo impregna especialmente la forma de mostrar la violencia. ‘The Tall T (Los Cautivos) es impecable en este sentido. Scott pelea con un forajido dentro de una mina abandonada. El individuo tiene una escopeta. Scott consigue doblegar el arma hasta que el cañon del fusil queda junto al cuello de su enemigo. Boetticher desciende entonces en breve panorámica hasta mostrar el gatillo a punto de ser pulsado por Scott, y pasa a un plano medio de la mujer, Maureen O’Sullivan, que cierra los ojos y grita al escucharse la detonación. Poco después Scott se arroja al suelo para esquivar las balas disparadas por el jefe de la banda, Richard Boone, que se acerca al galope. Scott dispara a su vez y el caballo cae junto al tronco en el que se ha parapetado el protagonista (suponiendo que Scott sea más protagonista que Boone, algo que no casa mucho con la lógica y la ética de estas películas). El forajido se levanta entre una nube de polvo, cubriéndose con las manos el rostro ensangrentado”.
El plano final de “Los Cautivos” nos muestra a Scott abrazado de Maureen O’Sullivan, la cual ha aceptado romper los lazos emotivos con el pasado al comprender que su marido intentó huir dejándola a merced de los forajidos, pero Scott, en su función de catalizador, más que de provocador o centro de la acción, le ayudó a enfrentarse a su realidad y es quizás por ello, a la vez que es la única en que el personaje de este ciclo, termina, aparentemente, quedándose con la chica, posiblemente por no estar la acción motivada en la búsqueda de los asesinos de su esposa.
No es necesario conocer las siete películas que componen el llamado ciclo Boetticher-Scott, para poder disfrutar de manera asilada de una de ellas, pues cada una tiene su existencia por si mismas, aunque no dejen de estar entrelazadas y permitan una mayor comprensión o entendimiento del personaje en su crecimiento o manera de enfrentarse a su deseo de venganza, con ligeras variantes, que son precisamente las que hacen interesante a cada una de ellas, por lo que es posible disfrutar de esta joya del western que es “Los Cautivos”, ahora que será proyectada en el canal de TCM Classic Hollywood este jueves 17 a partir de las 23.55 hrs. (tiempo de México).
...[Leer la nota completa]Budd Boetticher: sus películas
Director
Nació el 29 de julio de 1916, en Chicago, Illinois, Estados Unidos
Murió el 29 de noviembre de 2001, en Ramona, California, Estados Unidos.
Nombre de Pila: Oscar Boetticher Jr.
1942.- Submarine Raider (EMBOSCADA SUBMARINA) (Sin acreditar) Dir. Lew Landers Con John Howard y Marguerite Chapman
1944.- U-Boat Prisoner (LA CAMARA DE LA MUERTE) (Sin acreditar) Dir. Lew Landers, con Bruce Bennet y Erik Rolf.
1944.- One Mysterious Night (UNA NOCHE MISTERIOSA) (Crédito como Oscar Boetticher Jr.) Con Chester Morris y Janis Carter
1944.- The Missing Juror ( MAÑANA MORIRAS) (Crédito como Oscar Boetticher Jr.) Con Jim Bannon y Janis Carters
1945.- Youth on Trial (Crédito como Oscar Boetticher Jr.) Core Sue Collins y David Reed
1945.- A Guy, a Gal and a Pal (Créditro como Oscar Boetticher Jr.) Con Ross Hunter y Lynn Merrick
1945.- Escape in the Fog (FUGA EN LA NIEBLA) (Crédito como Oscar Boetticher Jr.) Con Otto Kruger y Nina Foch
1945.- The Fleet That Came to Stay (Crédito como Oscar Boetticher) (Documental, cortometraje)
1948.- Assigned to Danger (Crédito como Oscar Boetticher) Con Gene Raymond y Noreen Nash
1948.- Behind Locked Doors (Crédito como Oscar Boetticher) Con Lucille Bremer y Richard Carlson
1949.- Black Midnight (AZABACHE) (Crédito como Oscar Boetticher) Con Roddy McDowell y Lyn Thomas
1949.- The Wolf Hunters CAZADORES DE LOBOS) (Crédito como Oscar Boetticher) Con Kirby Grant y Jan Clayton (Western)
1950.- Killer Shark (Crédito como Oscar Boetticher) Con Roddy McDowell y Roland Winters
1950.- The Three Musketeers (Película para TVM)
1951.- Bullfighter and the Lady (TARDE DE TOROS/ EL TORERO Y LA DAMA) (A partir de esta película su crédito fue de Budd Boetticher) Con Robert Stack, Joy Paige, Gilbert Roland y Katy Jurado.
1952.- The Cimarron Kid (SU ULTIMO CARTUCHO) Con Audie Murphy y Beverly Tyler (Western)
1952.- Bronco Buster (LOS CENTAUROS) Con John Lund, Scott Brady y Joyce Holden (Western)
1952.- Red Ball Express (HERMANOS ANTE EL PELIGRO) Con Jeff Chandler, Alex Nicol y Sidney Poiter.
1952.- Horizons West (MAL HIJO) Con Roberr Ryan, Julia Adams y Rock Hudson (Western)
1953.- City Beneath the Sea (LA CIUDAD SUMERGIDA Con Robert Ryan, Mala Powers, Anthony Quinn y Suzan Ball
1953.- Seminole (PLUMA ROJA) Con Rock Hudson, Barbara Hale y Anthony Quinn (Western)
1953.- The Man from the Alamo (POR LA PATRIA) Con Glenn Ford, Julia Adams y Chill Wills. (Western)
1953.- East of Sumatra (AL ESTE DE SUMATRA) Con Jeff Chandler, Suzan Ball y Anthony Quinn
1953.- Wings of the Hawk (REBELION REDENTORA) Con Van Heflin, Julia Adams, Abbe Lane y Rodolfo Acosta. (Western ubicado en la revolución mexicana. Se prohibió su exhibición en México)
1955.- The Magnificent Matador (SANTOS EL MAGNIFICO) Con Anthony Quinn, Maureen O’Hara y Thomas Gomez
1956.- The Killer Is Loose (EL ASESINO ANDA SUELTO) Con Joseph Cotten y Rhonda Fleming.
1956.- Seven Men from Now (HOMBRES SIN DESTINO) Con Randolph Scott, Gail Russell y Lee Marvin (Circula en DVD con el título de LOS SIETE PROSCRITOS) (Western)
1957.- The Tall T (LOS CAUTIVOS) Con Randolph Scott, Maureen O’Sullivan, Richard Boone y Henry Silva (Western)
1957.- Decision at Sundown (DIA DE JUSTICIA) Con Randolph Scott, John Carroll, Karen Steele y Valerie French. (Western)
1958.- Buchanan Rides Alone (ESE SOY TO) Con Randolph Scott, Craig Stevens y Barry Kelley (Western)
1959.- Westbound (PATRULLA DE AUDACES) Con Randolph Scott, Virginia Mayo y Karen Steele.
1959.- Ride Lonesome (EL SECRETO DEL JINETE) Con Randolph Scott, Karen Steele, Pernell Roberts, Lee Van Cleff y James Cobrun (Western)
1960.- The Rise and Fall of Legs Diamond (EL FIN DEL REY DEL CRIMEN) CON Ray Danton, Karen Steele y Elaine Stewart
1960.- Comanche Station (ESTACION COMANCHE) con Randolph Scott, Nancy Gates y Claude Aikns (Western)
1969.- A Time for Dying (Con Audie Murphy, Victor Jory y Beatrice Kay) (Western)
1972.- Arruza (ARRUZA) (En rigor fue filmada antes que la anterior entre 1960 y 1966, pero fue concluida su edición hasta 1972 en que se estrenó, para más datos en este mismo blog de cineforever en la biofilmografía del director encuentran mayor información)
1985.- My Kingdom For (Documental) Con Carlos Arruza jr. Robert Stack y Rosemarie Stack.
...[Leer la nota completa]Luis Aguilar “El Gallo Giro”: sus películas
Actor, Cantante
Nació el 29 de enero de 1918, en Hermosillo, Sonora, México
Murió el 24 de octubre de 1997, en la ciudad de México, D.F. México
Nombre de Pila: Luis Aguilar Manzo
Apodo: El Gallo Giro
1943.- SOTA, CABALLO Y REY.- Director: Roberto O’Quigley, con Domingo Soler, Susana Cora y Carlos López Moctezuma
1945.- CAMINOS DE SANGRE.- Director: Rolando Aguilar, con Amanda del Llano, Carlos López Moctezuma y Armando Soto la Marina “El Chicote”.
1945.- GUADALAJARA PUES.- Director: Raúl de Anda, con Katy Jurado, Joan Page y Agustín Isunza.
1945.- LA REINA DEL TROPICO.- Director: Raúl de Anda, con María Antonieta Pons, Carlos López Moctezuma y Emma Roldán.
1946.- AQUÍ ESTA JUAN COLORADO.- Director: Raúl de Anda, con Yadira Jiménez e Irma Torres
1946.- LOS CRISTEROS (SUCEDIÓ EN JALISCO).- Director. Raúl de Anda, con Sara García, Tito Junco y Amanda del Llano.
1946.- YO MATE A ROSITA ALVIREZ.- Director. Raúl de Anda, con María Luisa Zea, Pedro Vargas, Crox Alvarado y Amanda del Llano.
1947.- EL ULTIMO CHINACO.- Director: Raúl de Anda, con Marga López, Katy Jurado y Carlos López Moctezuma
1947.- UNA AVENTURA EN LA NOCHE.- Director: Rolando Aguilar, con Miroslava, Susana Cora y José Pardavé.
1947.- EL MUCHACHO ALEGRE.- Director: Alejandro Galindo, con Arturo Stoto Rancel, Sara Montes y Víctor Parra.
1948.- SE LA LLEVO EL REMINGNTON.- Director: Chano Urueta, con Carmen González, Tito Junco y Joaquín Cordero.
1948.- CHARRO A LA FUERZA.- Director. Miguel Morayta, con Florencia Bécquer y Delia Magaña.
1948.- LA NORTEÑA DE MIS AMORES.- Director: Chano Urueta, con Susana Guizar, Emma Roldán.
1948.- COMISARIO EN TURNO.- Director: Raúl de Anda, con Domingo Soler, Carlos López Moctezuma y Leonora Amar.
1948.- EL GALLO GIRO.- Director: Alberto Gout, con Carmen González, Pepe del Río y Josefina Escobedo.
1948.- TRES HOMBRES MALOS.- Director: Raúl de Anda, con Raúl de Anda, Carlos López Moctezuma y José Muñoz.
1948.- ¡ARRIBA EL NORTE!.- Director: Emilio Gómez Muriel, con Marga López y Joaquín Pardavé.
1949.- RONDALLA.- Director: Victor Urruchúa, con Alicia Neira, Fernando Soto “Mantequilla” y Delia Magaña.
1949.- EL CHARRO DEL CRISTO.- Director: René Cardonba, con Alicia Caro, José María Linares Rivas y Edmundo Espino.
1949.- DOS GALLOS DE PELEA.- Director: Raúl de Anda, con Rosita Quintana y Sara Montes y Oscar Pulido.
1949.- UNA CANCION A LA VIRGEN.- Director: Raúl de Anda, con Rosita Quintana y Alicia Caro.
1949.- TU, SOLO TU.- Director: Miguel M. Delgado, con Rosita Quintana, Luis Alcoriza y Arturo Soto Rancel.
1949.- YO TAMBIEN SOY DE JALISCO.- Director: Raúl de Anda, con Blanca de Castejón y Carmen González.
1950.- CAPITAN DE RURARLES.- Director: Alejandro Galindo, con Alicia Caro, Rodolfo Landa y Agustín Isunza.
1950.- PRIMERO SOY MEXICANO.- Director: Joaquín Pardavé, con Joaquín Pardavé, Flor Silvestre y Francisco “El Charro” Avitia.
1950.- EL TIGRE ENMASCARADO.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Flor Silvestre, Pascual García Peña y Aurora Segura.
1950.- EL SEÑOR GOBERNADOR.- Director: Ernesto Cortázar, con Rita Macedo y Mauricio Garcés.
1950.- CUANDO TU ME QUIERAS.- Director: Ernesto Cortázar, con Meche Barba y Conchita Gentil Arcos.
1951.- ATM, A TODA MAQUINA.- Director: Ismael Rodríguez, con Pedro Infante, Aurora Segura y Alma Delia Fuentes.
1951.- ¿Qué TE HA DADO ESA MUJER?.- Director: Ismael Rodríguez, con Pedro Infante, Carmen Montejo y Rosita Arenas.
1951.- LA HIJA DEL MINISTRO.- Director: Fernando Fernández, con Rosita Arenas, Victor Parra y José Elias Moreno.
1951.- CUATRO NOCHES CONTIGO.- Director: Raúl de Anda, con Elsa Aguirre y Domingo Soler.
1951.- POR QUE PECA LA MUJER.- Director: René Cardona, con Leticia Palma, Abel Salazar y María Victoria.
1952.- DEL RANCHO A LA TELEVISION.- Director: Ismael Rodríguez, con María Victoria, Chela Campos y Carlos Orellana.
1952.- SUEÑOS DE GLORIA.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Miroslava, Jorge Martínez de Hoyos y Víctor Alcocer.
1952.- VICTIMAS DEL DIVORCIO.- Director: Fernando A. Rivero, con Ramón Armengol, Esther Fernández y Pedro Vargas.
1952.- NADIE MUERE DOS VECES.- Director: Luis Spota, con Abel Salazar, Lilia del Valle y Ramón Gay.
1952.- LAS INTERESADAS.- Director: Rogelio A. González, con Amalia Aguilar, Lilia Prado y Manolo Fábregas.
1952.- POKER DE ASES.- Director: René Cardona, con Antonio Badú, David Silva y Susana Guizar.
1952.- TAL PARA CUAL.- Director: Rogelio A. González, con Jorge Negrete, María Elena Marqués y Rosa de Castilla.
1952.- EL LUNAR DE LA FAMILIA.- Director: Fernando Méndez, con Esther Fernández, Antonio Badú y Sara García.
1952.- GENIO Y FIGURA.- Director: Fernando Méndez, con Esther Fernández, Antonio Badú, Linda Cristal y Evangelina Elizondo.
1952.- LOS SOLTERONES.- Director: Miguel M. Delgado, con Rosita Arenas, Andrés Soler y José Pardavé.
1953.- PENA PENITA.- Director.- Miguel Morayta, con Lola Flores, Antonio Badú y Fernando Soto “Matequilla”.
1953.- NUEVO AMANECER.- Director: Rogelio A. González, con Gloria Marín, René Cardona y José Elías Moreno.
1954.- CON EL DIABLO EN EL CUERPO.- Director: Raúl de Anda, con Linda Cristal, Dagoberto Rodríguez y Domingo Soler.
1954.- CHUCHO “EL ROTO”.- Director: Miguel M. Delgado, con Elda Peralta, Antonio Espino “Clavillazo” y José Baviera.
1954.- AL DIABLO LAS MUJERES.- Director: Miguel M. delgado, con Alma Rosa Aguirre, Raúl Martínez y Andrés Soler.
1954.- YO FUI NOVIO DE ROSITA ALVIREZ.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con “Chula” Prieto, “Raúl Martínez y Alfonso “Pompín” Iglesias.
1954.- LOS BANDIDOS DE RIO FRIO:- Director: Rogelio A. González, con César del Campo, Dagoberto Rodríguez y Fernando Casanova.
1954.- PIES DE GATO.- Director: Rogelio A. González, con César del Campo, Adriana Welter y Rita Macedo.
1955.- HAY ANGELES CON ESPUELAS.- Director. Fernando Méndez, con Rosita Arenas, Miguel Aceves Mejía y Arturo Martínez.
1955.- SERENATA EN MEXICO.- Director: Chano Urueta, con Rosita Quintana, Abel Salazar y Martha Patricia.
1955.- EL SIETE LEGUAS.- Directgor: Raúl de Anda, con Yolanda Varela, Linda Cristal y Arturo Martínez.
1955.- LOS TRES AMORES DE LOLA.- Director: René Cardona, con Lola Flores, Agustín Lara y Abel Salazar.
1956.- ALMA DE ACERO.- Director: Miguel Morayta, con Víctor Parra y Lina Salomé
1956.- BESOS PROHIBIDOS.- Director Rafael Baledón, con Ana Luisa Peluffo, Armando calvo y María Rojo.
1956.- LA CABEZA DE PANCHO VILLA.- Director: Chano Urueta, con Flor Silvestre, Crox Alvarado y Jaime Fernández.
1956.- LOS CHIFLADOS DEL ROCK’N ROLL.- Director: José Díaz Morales, con Agustín Lara, Pedro Vargas y Rosita Arenas.
1956.- CIELITO LINDO.- Director: Miguel M. Delgado, con Rosita Quintana, Carlos López Moctezuma y Pedro Galindo.
1956.- EL JINETE SIN CABEZA.- Director: Chano Urueta, con Flor Silvestre, Jaime Fernández y Pascual García Peña.
1956.- LOCOS POR LA TELEVISION.- Director. Rafael Portillo, conTito Guizar, Eduardo Noriega y Rebeca Iturbide.
1956.- LOCURA MUSICAL.- Director: Rafael Portillo, con Gina Romand, Tito Guizar y Eduardo Noriega.
1956.- LA MARCA DE SATANAS.- Director: Chano Urueta, con Flor Silvestre, Crox Alvarado y jaime Fernández.
1956.- MUSICA Y DINERO.- Director: Rafael Portillo, con Tito Guizar, Eduardo Noriega y Rebeca Iturbide.
1956.- NO ME OLVIDES NUNCA.- Director: Juan J. Ortega, con Rosita Fornés y Armando Bianchi.
1956.- PANCHO LOPEZ.- Director.- René Cardona, con Manuel Palacios Manolín, Guillermina Tellez Girón y Carolina Barret.
1956.- EL TEATRO DEL CRIMEN.- Director: Fernando Cortés, con María Antonieta Pons, César del Campo y Manuel Medel.
1956.- LOS TRES BOHEMIOS.- Director: Miguel Morayta, con Agustín Lara, Pedro Vargas y Lina Salomé.
1956.- ¡AQUÍ ESTAN LOS AGUILARES!.- Director: Jaime Salvador, con Antonio Aguilar, Rosa de Castilla y Lucy Gallardo.
1956.- ¡GRITENME PIEDRAS DEL CAMPO!.- Director: Miguel M. Delgado, con Armando Silvestre, Ana Bertha Lepe y Andrés Soler.
1957.- ANDO VOLANDO BAJO.- Director: Rogelio A. González, con Pedro Armendáriz, Lilia Prado y Celia D’Alarcón.
1957.- EL BOXEADOR.- Director: Gilberto Gazcón, con Joaquin Cordero, Adriana Welter y José Elías Moreno.
1957.- EL LATIGO NEGRO.- Director: Vicente Oroná, con Rosita Arenas, Rosa Elena Durgel y José Baviera.
1957.- EL LATIGO NEGRO CONTRA EL ANIMA DEL AHORCADO.- Director: Vicente Oroná, con Rosita Fornés, Federico Curiel “Pichirilo”.
1957.- LOCOS PELIGROSOS.- Director: Fernando Cortés, con Germán Valdés “Tin Tan”, Yolanda Varela y Ariadna Welter.
1957.- MARATON DE BALIE.- Director: René Cardona, con Alfonso “Pompín” Iglesias, Leonor Llausás y Elda Peralta.
1957.- EL MISTERIO DEL LATIGO NEGRO.- Director: Vicente Oroná, con Rosita Arenas, Rosa Elena Durgel y Consuelo Frank.
1957.- QUIERO SER ARTISTA.- Director.- Tito Davison, con Adalberto Martínez “Resortes”, Yolanda Varela y Kitty de Hoyos.
1957.- SOCIOS PARA LA AVENTURA.- Director: Miguel Morayta, con Ana Luisa Peluffo, Ramón Gay y Alberto Mendoza.
1957.- SUCEDIÓ EN MEXICO.- Director: Ramón Pereda, con María Antonieta Pons, Joaquín Cordero y Carmelita González.
1957.- TAN BUENO EL GIRO COMO EL COLORADO.- Director: Jaime Salvador, con Demetrio González, Flor Silvestre y Rosa de Castilla.
1958.- BENDITO ENTRE LAS MUJERES.- Director. Miguel M. Delgado, con Eulalio González “Piporro”, Elda Peralta y Marina Camacho.
1958.- CARABINA 30-30.- Director: Miguel M. Delgado, con Rosita Quintana, Pedro Galindo y Andrés Soler.
1958.- DICEN QUE SOY HOMBRE RUDO.- Director: Miguel M. Delgado, con Lilia Prado, Andrés Soler y Paco Michel.
1958,- ESTAMPIDA.- Director: Raúl de Anda, con Christiane Martell, Agustín de Anda y José Elias Moreno.
1958.- ME GUSTAN VALENTONES.- Director: Julián Soler, con Rosita Quintana y Eulalio González “Piporro”.
1958.- EL REGRESO DEL MONSTRUO.- Director: Joselito Rodríguez, con Tere Velásquez y Jaime Fernández.
1958.- EL ZORRO ESCARLATA.- Director: Rafael Baledón, con Irma Dorantes, Fanny Schiller y Fernando Fernández.
1958.- EL ZORRO ESCARLATA EN LA VENGANZA DEL AHORCADO.- Director Rafael Baledón, con Fernando Fernández, Irma Dorantes y Jaime Fernández.
1959.- LA CALAVERA NEGRA.- Director: Joselito Rodríguez, con Dagoberto Rodríguez, Pascual García Peña.
1959.- DE TAL PALO TAL ASTILLA.- Director. Miguel M. Delgado, con Eulalio González “Piporro”, Flor Silvestre y Marina Camacho.
1959.- LA DILIGENCIA DE LA MUERTE.- Director: Rogelio A. González, con Luz María Aguilar, Armando Silvestre, Raúl Ramírez.
1959.- EL ENMASCARADO JUSTICIERO.- Director: Joselito Rodríguez, con América Martín y Pascual García Peña.
1959.- LADRON QUE ROBA A LADRON.- Director: Jaime Salvador, con Lorena Velásquez y Andrés Soler.
1959.- LA MASCARA DE HIERRO.- Director: Joselito Rodríguez, con Jaime Fernández, Irma Castillón y Esperanza Issa.
1959.- REMOLINO.- Director: Gilberto Gazcón, con Sonia Furió, Agustín de Anda y José Elias Moreno.
1959.- YO NO ME CASO COMPADRE.- Director: Miguel M. Delgado, con Rosita Quintana, Fernando Soto “Mantequilla” y Paco Michel.
1960.- LOS CINCO HALCONES.- Director: Miguel M. Delgado, con Miguel Aceves Mejía, Demetrio González y Joaquín Cordero.
1960.- EL CORREO DEL NORTE.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Fernando Fernández, Rosa de Castilla y Jaime Fernández.
1960.- JUAN SIN MIEDO.- Director: Gilberto Gazcón, con Ofelia Montesco, Dagoberto Rodríguez y Flor Silvestre.
1960.- JUANA GALLO.- Director: Miguel Zacarías, con María Felix, Jorge Mistral e Ignacio López Tarso.
1960.- LA MASCARA DE LA MUERTE.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Fernando Fernández, Rosa de Castilla y Rosario Galvéz.
1960.- TRES TRISTES TIGRES.- Director. Gilberto Gazcón, con Joaquín Cordero, Ariadna Welter y Dagoberto Rodríguez.
1961.- ATRÁS DE LAS NUBES.- Director: Gilberto gazcón, con Marga López, Joaquín Cordero y Dagoberto Rodríguez.
1961.- MI NOCHE DE BODAS (EL GALLO GIRO EN ESPAÑA) Dir.- Tulio Demicheli, con Conchita Velasco, Isabel Garcés (Producción española)
1961.- LA TRAMPA MORTAL.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Flor Silvestre, Jaime Fernández y Rosario Galvéz.
1961.- LA VENGANZA DE LA SOMBRA.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Flor Silvestre y Jaime Fernández.
1961.- EL ZORRO VENGADOR.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Maria Eugenia San Martín y Jaime Fernández.
1961.- VUELVEN LOS CINCO HALCONES.- Director: Miguel M. Delgado, con Julio Aldama, Demetrio González y Fernando Casanova.
1962.- CAZADORES DE ASESINOS.- Director: Miguel M. Delgado, con Antonio Aguilar, Ana Bertha Lepe y Olivia Michel.
1962.- CONTRA VIENTO Y MAREA.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Ariadna Welter y José Elías Moreno.
1962.- EL MARIACHI CANTA.- Director: Miguel M. Delgado, con Lucha Villa y Carlos Agosti.
1963.- AGARRANDO PAREJO.- Director: Jaime Salvador, con Javier Solís, Lucha Villa y Martha Elena Cervantes.
1963.- EL BRACERO DEL AÑO.- Director: Rafael Baldón, con Eulalio González “Piporro”, Ofelia Montesco y Kitty de Hoyos.
1963.- EL CABALLO QUE CANTA.- Director: Julián Soler, con Joaquín Cordero, Olivia Michel y Agustín Isunza.
1963.- LOS EXPATRIADOS.- Director: Fernando Cortés, con Mapy Cortés y Arturo Correa.
1963.- EL HALCON SOLITARIO.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Lucha Villa y Rosa María Gallardo.
1963.- EL HOMBRE DE PAPEL.- Director: Ismael Rodríguez, con Ignacio López Tarso, Alida Valli y Columba Domínguez.
1963.- MEXICO DE MI CORAZON.- Director: Miguel M. Delgado, con Lola Beltrán, Mauricio Garcés y Lucha Villa.
1963.- MI REVOLVER ES LA LEY.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Lucha Villa, Tito Junco y Emma Roldán.
1963.- EL REVOLVER SANGRIENTO.- Director: Miguel M. Delgado, con Lola Beltrán, Flor Silvestre y Emilio “Indio” Fernández.
1964.- AUDAZ Y BRAVERO.- Director: Alfonso Corona Blake, con Lilia Prado, Ofelia Montesco y Dagoberto Rodríguez.
1964.- LOS CUATRO JUANES.- Director: Miguel Zacarías, con Antonio Aguilar, Javier Solís y Narciso Busquets.
1964.- CUCURRUCU PALOMA.- Director: Miguel M. Delgado, con Lola Beltrán, Juan Gallardo y Guillermo Murria.
1964.- LOS DOS APOSTOLES.- Director: Jaime Salvador, con Fernando Casanova, Dacia González y Lucha Moreno.
1964.- ESCUELA PARA SOLTERAS.- Director: Miguel Zacarías, con Antonio Aguilar y Javier Solís.
1964.- EL FUGITIVO.- Director: Emilio Gómez, con Lucha Villa, Amparo Ribelles y Alma Delia Fuentes.
1964.- UN GALLO CON ESPOLONES.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Lorena Velásquez y Juan Antonio Edwards.
1964.- GALLO CORRIENTE, GALLO VALIENTE.- Director: Jaime Salvador, con Demetrio González, María Duval y Ofelia Montesco.
1964.- LOS HERMANOS MUERTE.- Director: Rafael Baledón, con Lola Beltrán y Javier Solís.
1964.- EL POZO.- Director: Raúl de Anda, con Sonia Furió, Dagoberto Rodríguez y Sonia Infante.
1964.- EL TIGRE DE GUANAJUATO.- Director: Rafael Baldón, con Julio Aldama, Roberto Cañedo.
1965.- EL COMANDANTE FURIA.- Director: Zacarías Gómez Urquiza, con Sonia Infante y Armando Soto la Marina “Chicote”.
1965.- DUELO DE PISTOLEROS.- Director. Miguel M. Delgado, con Dacía González, Manuel Capetillo y Fernando Casanova.
1965.- LOS GAVILANES NEGROS.- Director: Chano Urueta, con Fernando Casanova, Pedro Armendáriz Jr e Irma Serrano.
1965- LOS TRES SALVAJES.- Director: Gilberto Martínez Solares, con Javier Solís, Dacia González
1966.- DETECTIVES O LADRONES.- Director: Miguel Morayta, con Viruta y Capulina, Héctor Lechuga.
1966.- MATAR ES FACIL.- Director: Sergio Véjar, con Arturo de Córdova, Kitty de Hoyos y Joaquín Cordero.
1966.- EL SILENCIOSO.- Director: Alberto Mariscal, con Gastón Santos, Adriana Roel y Emilio “Indio” Fernández.
1967.- EL AS DE OROS.- Director: Chano Urueta, con Manuel Capetillo, Flor Silvestre y Regina Torné.
1967.- EL CAUDILLO.- Director: Alberto Mariscal, con Irma Serrano, Emilio “Indio” Fernández y Rodolfo de Anda.
1967.- LA CHAMUSCADA.- Director. Alberto Mariscal, con Irma Serrano, Rodolfo de Anda y Emilio “Indio” Fernández.
1968.- DOS VALIENTES.- Director: Alfonso Corona Blake, con Rodolfo de Anda, Lucha Villa y Fernando Aguilar.
1968.- DUELO EN EL DORADO.- Director: René Cardona, con Lola Beltrán, Emilio Fernández
1970.- MANUEL SALDIVAR “EL TEXANO”.- Director: René Cardona, con Rodolfo de Anda, Pilar Pellicer y Jorge Russek.
1970.- SIETE MUERTES PARA EL TEXANO.- Director: René Cardona, con Rodolfo de Anda y Susana Hill
1971.- EL SARGENTO PEREZ.- Director: Arturo Martínez, con Julio Alemán y Norma Lazareno.
1972.- EL AUSENTE.- Director. Arturo Martínez, con Valentín Trujillo y Verónica Castro.
1973.- LOS GALLEROS DE JALISCO.- Director: Arturo Martínez, con Mario Almada y Dacia González.
1974.- LOS TRES COMPADRES.- Director. Arturo Martínez, con Sonia Amelio, Gerardo Reyes y Rosa María Gallardo.
1976.- MEXICO DE MIS AMORES.- Director: Nancy Cárdenas, con Jaqouín Pardave (Documental a partir de escenas de películas del cine mexicano).
1986.- CACERIA HUMANA.- Director. Valentín Trujillo, con Roberto “Flaco” Guzmán, Olivia Collins y Sergio Goyri.
1986.- EL LADRON.- Director.- Director: Gilberto de Anda, con Julio Alemán, Gabriella Goldsmith y Sasha Montenegro.
1987.- CARGAMENTO MORTAL.- Director: Alfredo B. Crevenna, con Mario Almada, Fernando Almada y Lilia Prado.
1987.- CASOS DE ALARMA I (SIDA).- Director: Benjamín Escamilla Espinosa, con Alma Delfina, Carmen Salinas.
1987.- NACIDO PARA MATAR.- Director: Juan Manuel Herrera, con Agustín Bernal y Diana Ferret.
1987.- PROGRAMADO PARA MORIR.- Director: Alfredo B. Crevenna, con Andrés García y Mario Almada.
1987.- LA RIELERA.- Director: Raúl Fernández, con Rosa Gloria Chagoyán, Rolando Fernández y David Reynoso.
1988.- ¡A GOZAR, A GOZAR, QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR!.- Director: Miguel M. Delgado, con Eduardo de la Peña “el Mimo” y Joaquín Cordero.
1989.- EL ENVIADO DE LA MUERTE.- Director: Juan Nepomuceno López, con Miguel Ángel Rodríguez y Silvia Manríquez.
1989.- EL GARAÑON 2.- Director. Alberto Rojas, con Alberto Rojas “El Caballo”, Fernando Luján y Leticia Perdigón.
1989.- LOLA, LA TRAILERA 3.- Director. Raúl Fernández Jr., con Rosa Gloría Chagoyán y Frank Moro.
1989.- EL MUERTO AL HOYO…Y EL VIVO TAMBIEN.- Director: Javier Durán, con Maribel Fernández, Pedro Weber “Chatanuga” y Polo Ortín.
1989.- EL ULTIMO ESCAPE.- Director: Jorge Manrique, con Víctor Loya y Kate del Castillo.
1990.- ALTO PODER.- Director: José Luis Urquieta, con Alejandro Camacho, Ernesto Gómez Cruz y Leonel González.
1990.- METRELLETA INFERNAL.- Director: Juan Manuel Herrera, con Edgardo Gazón Rodríguez, Claudia Herrera e Hilda Aguirre.
1991.- LOS AÑOS DE GRETA.- Director: Alberto Bojórquez, con Beatriz Aguirre, Meche Barba y Esther Fernández.
1992.- EL TIGRE DE LA FRONTERA.- Director: Ismael Rodríguez Jr.. con Aída Cuevas, Sebastián Ligarde.
Luis Aguilar: El Gallo Giro o Del Rancho a la capital
De Sonora a la capital
Charro bravío, cantante de boleros en la XEW y en un recién inaugurado Televicentro, agente de transito, jinete enmascarado y justiciero sin cabeza. Por si ello fuera poco, cristero y revolucionario, héroe de corrido, ventrílocuo transa, bandido generoso, pianista de un grupo de jazz y rock, o bohemio de corazón; Luis Aguilar, el inolvidable Gallo Giro fue todo eso y más en las imágenes de un cine mexicano perdido en la memoria. Un cine que retrató su figura espigada, su bigote recortado y su mirada profunda adornada por su muy particular y poblada ceja, ya sea portando el tradicional traje de charro o un elegante y urbano traje negro a rayas.
Nacido en Hermosillo, Sonora, en 1918, Luis Aguilar se convirtió en muy poco tiempo en una de las figuras de un cine mexicano que se vanagloriaba de sus éxitos, sus estrellas y sus sencillas pero efectivas tramas. Muy pronto, abandonó su carrera de Ingeniera en el Colegio Militar cautivado por el canto y por el mar allá en Mazatlán, Sinaloa, donde fue pescador de tiburones. A principios de los 40 se traslada a la ciudad de México justo cuando el cine nacional triunfaba en el extranjero con su ingenua e inofensiva manera de mistificar la provincia y la vida rural.
Al igual que otras personalidades de un cine nacional que se adentraba hacia una fructífera y bien llamada época de oro, Aguilar tiene su primer experiencia en la pantalla grande en 1943, el mismo año que debutaba Germán Valdés Tin Tan o Carmen Montejo, por ejemplo. Un año básico que lanzó al mundo las imágenes de indígenas nobles e inocentes en “María Candelaria”, los ambientes urbanos y politizados de “Distinto amanecer”, o los desplantes dictatoriales de una hembra atípica como “Doña Bárbara”.
En aquel contexto, para la gente del negocio, no era desconocido el hecho de que las futuras figuras, las consagradas y las que se estaban haciendo de un nombre de prestigio en el interior de la incipiente industria fílmica mexicana, frecuentaban el famoso café Regis de Avenida Juárez. Fue ahí quizá, en una de las tantas tardes bohemias donde se discutían argumentos imaginarios o sabrosas anécdotas entre personalidades del ambiente, donde Luis Aguilar recibe la alternativa de Raúl de Anda -asiduo del Regis- para enfrentarse a ese medio popular capaz de catapultar a alturas insospechadas a los que pasaban la prueba del público cinéfilo de entonces.
Raúl de Anda: su tutor fílmico
En efecto, Aguilar encuentra el apoyo de Raúl de Anda, el gran Charro Negro; un productor, actor y cineasta que le brinda la oportunidad de debutar en una comedia de aventuras rancheras dirigida por Roberto O’Quigley, “Sota, caballo y rey”. Por cierto, la película fue filmada a principios de mayo de ese 1943 en los aún flamantes Estudios Azteca que al desaparecer en 1958 darían paso al Autocinema del Valle y más tarde al estacionamiento del Centro Bancomer en el cruce de las Avenidas Coyoacán, Churubusco y Universidad.
Ahí, Aguilar se saca el “As” de la manga y llama la atención del público a pesar de su falta de experiencia ante las cámaras al lado del villanazo Carlos López Moctezuma, Susana Cora, El Chicote y una muy jovencita Meche Barba quien aparecía en créditos como Meche Isanda. A propósito de este relato con cacique malvado y abusivo, feria pueblerina, galán cantante, muchachita ingenua, ranchero noble asesinado a traición y vengado por su hermano -un cómico de la legua que interpretaba Domingo Soler-, la revista Cine Mexicano auguraba sobre Aguilar lo siguiente: “…tiene un gran porvenir en el cine. Tiene personalidad, y no le ha de faltar modo para estudiar e imponerse en la pantalla…”.
Tuvo que pasar más de un año para que Luis Aguilar repitiera su experiencia cinematográfica en “Caminos de sangre” (1945) producida y escrita por Raúl de Anda y dirigida por Rolando Aguilar. En ella, alternaba con la guapa chiapaneca Amanda del Llano, El Chicote y los villanazos López Moctezuma y Miguel Inclán y además se daba gusto de entonar atractivas canciones escritas por Lorenzo Barcelata y Cuco Sánchez, y de este modo iniciar así una competencia al parejo con el entonces ídolo fílmico y cantante del momento, Jorge Negrete.
Ese mismo año y en una suerte de adelanto de comedias con mensaje político como “Pito Pérez se va de bracero”, o “Primero soy mexicano”, el equipo de Raúl de Anda como director-productor y Luis Aguilar como protagonista, llevan a cabo un filme curioso por su abierta burla al estadunidense y al mexicano pocho deslumbrado por el dólar y el idioma inglés en “Guadalajara pues”. Aquí, no sólo se mostraban las virtudes campiranas, sino las del propio estado de Jalisco.
La trama, simplona en apariencia, que hablaba con humor de un serio problema social y en la que se interpretaban temas de Pepe Guízar y Cuco Sánchez, entre otros, narraba un relato de enredos amorosos con Agustín Isunza muy divertido en su papel del agringado ex bracero Joe Flowers o sea José Flores, cuyos patrones, los atractivos jóvenes rubios Joan Page y Clifford Carr deslumbraban a la pareja de hermanos que encarnaban Luis Aguilar y Amanda del Llano, a quienes Miguel Inclán, un rico alfarero de la región, les ha echado el ojo para casarlos con sus hijos Katy Jurado y Raúl Guerrero.
A ésta le siguió “La reina del trópico” (1945) con la preciosa MariToña Pons, quien con sus caderas y rumbas produce la lujuria de Carlos López Moctezuma, quien la seduce y abandona en Papantla. Sin embargo, cuando lo va a buscar a la capital se topa con el héroe que encarnaba Aguilar, un compositor que triunfa gracias a ella. Para 1946, además de un par de dramas rancheros inspirados en corridos como “Aquí está Juan Colorado” y “Yo maté a Rosita Alvírez” con María Luisa Zea y Amanda del Llano, Aguilar protagoniza un filme insólito por su tema: “Los cristeros”, primer cinta que recuperaba la epopeya de la cristiada en Jalisco; un tópico tabú en el cine mexicano.
Aguilar: el muchacho alegre
Luego de interpretar otro melodrama patriótico y folclórico al estilo de “Los cristeros” titulado “El último chinaco”, así como una curiosa comedia urbana con tintes fantásticos al lado de Miroslava, “Una aventura en la noche”, sobre un par de amigos parranderos (Aguilar y Jorge Che Reyes) que conocen a dos guapas mujeres que resultan ser difuntas, una gran oportunidad llega en 1947 al lado del cineasta Alejandro Galindo quien lo dirige en “El muchacho alegre”.
Se trataba de una cinta de honor y lealtad que mostraba a Aguilar con su traje claro y su cabello cuidadosamente engomado enfrentando a golpes al genial villano Víctor Parra en su papel del “Güico”. Desde el momento en que Luis Aguilar aparece entonando “El muchacho alegre“, es evidente que las reglas de esta tragicomedia ranchera no son las mismas para el resto del género. La relación que existe entre el protagonista y su amigo traicionero Víctor Parra rompe lo trillado, en ese pueblito sinaloense donde se lleva a cabo una kermesee que acaba en situación trágica, cuando el héroe es engañado y acusado de un crimen que no ha cometido.
Aquí, los charros jaliscienses son suplidos por héroes y villanos de Sinaloa, para proseguir mostrando el folclor y la hombría nacional, sin faltar por supuesto la afamada tambora sinaloense que anima parte de la trama. Galindo saca provecho de un melodrama ranchero y de aventuras muy sencillito y efectivo, donde sobresale la presencia de Aguilar y un incipiente Víctor Parra a poco tiempo de convertirse en gran figura. Hay escenas curiosas como la expulsión de las prostitutas por ejemplo y algunas buenas escenas de acción como la larga pelea final a puñetazos que hace recordar algunas de las películas de John Ford.
Para entonces, Luis Aguilar se había convertido ya en uno de los héroes por excelencia de un género ranchero que mezclaba los amores de sumisas heroínas con héroes peleoneros, nobles y bragados con cuadros costumbristas, canciones vernáculas y un humor muy elemental. De hecho, integraba al lado de Negrete e Infante, una suerte de triunvirato de galanes románticos y cantarines que el público adoraba.
El Gallo Giro héroe folclórico
Para 1948 Luis Aguilar conseguía su sobrenombre artístico al estelarizar la película de Alberto Gout, “El gallo giro”. Aquí, encarna a un gallero empeñado en triunfar en la capital como cantante y para ello, compite en un concurso de aficionados en la XEW y después se gana el amor de Carmelita González, aunque antes se ve envuelto en un lío con la belleza rubia estadunidense Joan Page. En efecto, se trata de una suerte de anticipo de una de sus comedias más exitosas: “Del rancho a la capital”.
Sobre el físico de Luis Aguilar el “Duende Filmo” publicó en el periódico El Universal, unas curiosas líneas que vale la pena reproducir: “En la pantalla es menos agradable que en persona y no es fotogénico, quizá por culpa suya pues no se ha estudiado frente a un espejo…Da la impresión que los peluqueros lo andan correteando. Tiene cabello para dar y prestar y a él le gusta lucir íntegra su cabellera. Si redujera la anchura de sus patillas y el clavo, que casi se unta con sus ojos, que son grandes, y aumentara la altura de su frente, tal vez mejoraría su aspecto…El gallo giro es lo que pudieramos llamar “una vacilada” con que se pasa el rato”.
También, en 1948, Aguilar interpretó varias comedias de distintos cortes. Por ejemplo, en “Charro a la fuerza” al lado de la española Florencia Becquer y ambientada en la hacienda de Oxtotilpan, unos “espantos” mantienen asolados a sus habitantes. Se trataba en efecto, de una chistosa combinación de comedia ranchera y cine de horror (“Los cazafantasmas” conocen “Rancho Grande”, por ejemplo). En “La norteña de mis amores” Aguilar lleva serenatas y aguanta los desplantes machorros de Susana Guízar y en “¡Arriba el Norte!” al lado de Joaquín Pardavé y Marga López, deja lucir al gran Pardavé que interpreta a un trastornado coronel retirado misógino e instalado en la Revolución de 1910, aunque hayan pasado ya 38 años de eso.
Más atractiva resulta: “Se la llevó El Remington” donde encarna al personaje jalisciense de la vida real, El Remington, quien fuera protagonista de “¡Ay Jalisco no te rajes!” con el apodo de “El Ametralladora” e interpretado por Negrete y más tarde por Infante en la cinta homónima y finalmente por Rodolfo de Anda en una nueva versión de “¡Ay Jalisco no te rajes!” y por Gustavo Alatriste en “Aquel famoso Remington”. En “Se la llevó El Remington”, dirigida por su amigo y “tutor” Raúl de Anda, Aguilar regresa al pueblo de Tres Ríos para vengar la muerte de su padre.
A su vez, tuvo un pequeño papel en “Comisario en turno” armada por once historias unidas en un solo relato y escritas por el estupendo Juan García “Peralvillo”, actor y guionista de varias de las mejores comedias de Tin Tan. En el episodio número diez, Aguilar demuestra ser un mariachi que además sabe interpretar la música clásica ante la mirada escrutadora de “Manuelito”, Carlos López Moctezuma, el comisario en turno que suple a Domingo Soler. Por cierto, en la tragicomedia “Tres hombres malos”, Aguilar sale con y sin bigote y así, rasurado, adquiría un cierto parecido con el galán hollywoodense Tyrone Power en esta película de aventuras con niña pequeña de por medio ambientada en tiempos de la Revolución.
Se acercaba el fin de una década que el Gallo Giro supo capitalizar a su favor, interpretando al héroe gallardo y cantante envuelto en todo tipo de enredos cómicos y dramáticos. Una década en la que su su calidad de galán folclórico había subido como la espuma y así lo muestra una película muy disfrutable titulada: “El charro del Cristo” (1949). Bajo la dirección de René Cardona encarna a un bravío y celoso charro que agradece a Cristo el haberle permitido huir luego de asesinar a su rival en amores y suertes charras. Su pareja romántica era la colombiana Alicia Caro y el villano era interpretado por José María Linares Rivas en su papel de infame cacique.
También, en “Dos gallos de pelea” (1949) mostró sus dotes de macho cantor y confirmó su presencia en el género con una curiosa comedia que optaba por otro enfoque. En Sayula, Aguilar y su primo (Dagoberto Rodríguez) se dedican a la parranda junto con sus criados (Mantequilla y El Chicote) hasta que quedan impresionados por la belleza de una profesora brasileña (la guapa Rosita Quintana con anteojos de intelectual) quien anda en busca de un insecto que puede servir para contrarrestar una plaga en su tierra. Cadáveres, serenatas, supuestas ánimas y semidesnudos de la heroína (su ropa se la lleva el río mientras se baña y tiene que utilizar por ello la camisa del bragado Gallo Giro), para darle un toque erótico y lucir el torso desnudo de Aguilar y las hermosísimas piernas de Quintana.
Más interesante aún, resulta “Tú, sólo tú” (1949) de Miguel M. Delgado escrita por los estupendos Janet y Luis Alcoriza y protagonizada nuevamente por Aguilar y Rosita Quintana; en ella, se mezclan varios géneros para narrar las desventuras del héroe, un joven que deja su universo campirano para degradarse en los cabarets de la pulsante urbe alemanista. Aguilar se topa con su novia convertida en cabaretera y luego de borracheras y pleitos se enamora de una riquilla que interpreta también Quintana y que vive en las Lomas, lugar a donde llega a caballo el héroe para enseñarle a montar.
“Rondalla”, “Una canción a la Virgen” y “Yo también soy de Jalisco” -todas de 1949- no fueron más que la repetición de una fórmula folclórica; una suerte de “milagrito” que los productores le colgaron al Gallo Giro quien empezaba a perder terreno ante Infante y Negrete -de éste último, ya habían pasado sus mejores años-, debido sobre todo a la acumulación y a la simple explotación de un tema. Aguilar necesitaba urgentemente un cambio o ya de perdida un trancazo cinematográfico como le había sucedido con “El muchacho alegre”, curiosamente la década siguiente le depararía grandes sorpresas.
Los 50. Un buen arranque.
No era secreto para nadie la afición de Aguilar por el alcohol lo que le empezaba a ocasionar serios problemas con su trabajo y su vida personal. Lo curioso, es que varias de las tramas de sus películas retomaban de alguna manera el asunto de las borracheras para hacer más patente el desquiciamiento de sus personajes a través del alcohol. Con todo, Aguilar siguió trabajando con enjundia “poniéndose las pilas” y entrándole a todo tipo de dramas y comedias como sucedía en esa década que iniciaba; la década de los 50.
En “Primero soy mexicano” (1950) dirigida y actuada por Joaquín Pardavé; éste, supera su analfabetismo para recibir dignamente a su hijo Rafael (Luis Aguilar) quien acaba de graduarse como médico en Estados Unidos. Prepara una gran fiesta donde éste último reniega de su país con sus pochismos y gustos gringos; para colmo, el hijo ingrato seduce a la ahijada de su padre (Flor Silvestre) y se niega a quedarse en el campo. Finalmente, se arrepiente, pide la mano de Lupe y se queda como médico del pueblo. De nueva cuenta se trataba de darle una lección con humor y sencillez, a tanto mexicano que soñaba de manera indigna con los dólares y los Hot dogs.
En ese mismo año de 1950 y bajo las órdenes de Alejandro Galindo, actúa en “Capitán de rurales”, película con canciones, intriga y amoríos; ingredientes de este atractivo y bien realizado filme de aventuras históricas. Interpreta a un capitán egresado del Colegio Militar que en tiempos de Porfirio Díaz se une a las filas de los opresores rurales pero acaba declarando su rebeldía al tiránico gobierno. Otro papel distinto lo tiene en “El señor gobernador “ (1950) con Rita Macedo y un muy jovencito Mauricio Garcés quien debutaba en la pantalla con un papel de catrín muy lejano de sus desplantes de galán seductor y de su grito de batalla: “¡Arrooozzz!”.
El Gallo Giro encarna a un político provinciano enchamarrado y sombrerudo que de humilde peón se convierte en gobernador de su estado luego de luchar contra los abusivos en un intento por ayudar a la gente oprimida. Ese mismo año, filma la comedia romántica “Cuando tu me quieras” con Meche Barba a quien reprime cuando ésta intenta conocer los salones de “dancing” y “El tigre enmascarado” con Flor Silvestre y Aurora Segura, en la que anticipa ya sus sagas de justicieros enmascarados en tono de western serie B (o lo que es lo mismo: “caballitos” chafas pero entretenidos). En ésta, encarna a un hombre que jura vengar a su hermano cura y para ello, se convierte precisamente en El tigre enmascarado -una suerte de Zorro pero con piel moteada- y eso no le quitaba méritos a la hora de la cantada.
Del caballo a la motocicleta
Negrete había quedado prácticamente atrás en esa carrera por la popularidad viril en el ánimo del público. Sin duda, hacia 1951, Pedro Infante era el indiscutible ídolo cinematográfico del pueblo en general, seguido muy de cerca por Aguilar. Y en ello, había contribuído precisamente la habilidad de Infante para pasar de un género a otro y de un ambiente rural a uno urbano sin ningún sobresalto, sin contar por supuesto con esa su peculiar manera de explotar el arquetipo del macho que lo era a la hora de la verdad pero que también sabía llorar y reir.
Ismael Rodríguez, su extraordinario director de cabecera tenía bien tanteado al público y sabía de sobra la capacidad de su estrella Pedro Infante. Colocarlo en ese momento al lado de su mejor contrincante, suponía que esa reunión podía significar un gran trancazo fílmico, sobre todo, porque a diferencia de otros galanes y soberbios actores de carácter como David Silva o Arturo de Córdova, Luis Aguilar cantaba y cantaba muy bien cualquier tema musical que le pusieran enfrente. Justamente, de eso se trataba; de mostrar a dos imponentes figuras de la pantalla al tu por tu: dos actores que pasaran del drama a la comedia, de ahí a los golpes y a las “echadas”, que se disputaran a las mujeres, que robaran cámara y que cantaran muy sabroso ya sea juntos o separados y es así, como nace precisamente un clásico instantáneo del cine nacional.
Todo estaba listo ese 15 de marzo de 1951 en los imponentes Estudios Churubusco financiados en parte por la compañía estadunidense RKO -la productora de “King Kong” y de “El ciudadano Kane”-. Con un guión de Pedro de Urdimalas y del propio director Ismael Rodríguez daba inicio la reunión de Luis Aguilar con el máximo ídolo del cine mexicano, Pedro Infante en una cinta que respondía simplemente al nombre de “A.T.M./ A toda máquina”, seguida de una continuación filmada al mismo tiempo: “¿Qué te ha dado esa mujer?”.
El resultado: una de las mejores y más divertidas exaltaciones del machismo en la historia de dos tamarindos o sea, policías motorizados que recorren las calles gozosas del México alemanista. Luis Macías (Aguilar) es un agente de tránsito que forma parte del grupo acrobático y aloja en su casa al vago y tragón Pedro Chávez (Infante) quien le advierte que trae mala suerte a las personas. Pedro se convierte a su vez en agente y entre secuencias fabulosas como aquella en la que entonan a dúo sobre sus motos “Parece que va a llover, el cielo se está nublando…”, su amistad y su odio crece al parejo.
Imposible olvidar la golpiza que uno a otro se propinan en el departamento de Luis, en el momento en que Pedro ha citado a las amiguitas de aquel, justo cuando Luis espera que su novia (Aurora Segura) se humille ante él. Imposible olvidar a tanto extraordinario personaje secundario como Amelia Wilhelmy en su papel de viejecita necia que se niega a bajarse de su auto, provocando un gran congestionamiento de tráfico, o la quinceañera enamoradiza que encarna Alma Delia Fuentes, o quizá la portera chismosa (Emma Rodríguez) y su marido mil chambas (“ya llegué vieja, ya me voy vieja”), quienes hacían lucir aún más a la extraordinaria pareja protagonista.
Y claro, sin faltar por supuesto, la parte climática del filme: la escena de las acrobacias motorizadas y el apretón de manos final en la ambulancia donde son trasladados Luis y Pedro luego de su terquedad por robar cámara en el acto denominado “la casa en llamas”. Comedia de una originalidad arrolladora, “A toda máquina” y su continuación ligeramente más melodramática delinearon la presencia indiscutible de Aguilar quien no sólo estaba preparado para acompañar a otras grandes figuras, sino para destacar en pocos años desde las bases mismas del más delirante cine de caballitos serie B a la mexicana.
El Hollywood mexicano
En “¿Qué te ha dado esa mujer?” entran al quite tres bellezas como Rosita Arenas, Carmen Montejo y Gloria Mange. Aquí, tampoco faltan las escenas espectaculares como la borrachera que se carga Luis Aguilar al lado de unas cabareteras en el lago de Chapultepec que remata con chapuzón en el agua. O el brebaje “especial” que Pedro le prepara a Luis; una mezcla de alcohol, aceite de ricino, pasta dental, detergente y chile. Incluso, hasta se les perdona sus excesos machistas (”oye, uno no puede casarse con mujerzuelas”, le dice Aguilar a Infante, refiriéndose a Montejo) y para más, ambos terminan abrazados como los grandes amigos luego de golpearse a muerte, después de que han dejado plantadas a sus confundidas enamoradas.
Luis Aguilar había comenzado con éxito ese año de 1951, incluso, había rodado otras comedias igualmente divertidas como “La hija del ministro” del buen artesano Fernando Méndez, al lado de Rosita Arenas -una cafre del volante- y Víctor Parra. Luis hace el papel de un gris burócrata enamorado de una chamaca adinerada; la hija de un buen ministro que interpreta José Elías Moreno. Se trata de una agradable trama amenizada además por la presencia musical de las hermanitas Julián -ligadas a los filmes de Tin Tan- y por las canciones de Gonzalo Curiel, Gabriel Ruiz y José Antonio Zorrilla, entre otros.
Por su parte, en “Cuatro noches contigo” de Raúl de Anda, se intentó hacer un traslado de la exitosa comedia hollywoodense “Sucedio una noche” (1934) de Frank Capra al medio mexicano. Elsa Aguirre -vestida de colegiala- es la atractiva hija de un gobernador; escapa de su hogar y se topa accidentalmente en un tren con Aguilar -de anteojos-; un inepto vendedor de ropa interior femenina que viaja de Nogales a la capital. Como en la película de Capra, la pareja discute todo el tiempo y las circunstancias los obligan a alojarse en un mismo cuarto de hotel y a sortear juntos varias peripecias debido a que unos agentes que el padre ha enviado la buscan afanosamente.
Además de una actuación especial en “Yo fuí una callejera” con Meche Barba y Abel Salazart, Aguilar se lució en ese mismo año de 1951 al lado de la sensual tabasqueña Leticia Palma en “¿Por qué peca la mujer?” de René Cardona. Aquí, comparte escenario a su vez con Salazar, el cubano César del Campo y María Victoria, en medio de buenos números musicales y deliciosas canciones de Agustín Lara, Dámaso Pérez Prado y Juan Bruno Tarraza, nada menos. El melodrama reúne a un cínico ricachón que se ha sacado la lotería, un compositor y cantante viudo (Aguilar) y una humilde billetera a la que el primero intenta convertir en cantante. Delirante.
Del rancho al relajo urbano.
Instalado prácticamente en la vorágine urbana, Aguilar abre el año de 1952 con uno de sus mayores logros, un filme que a la fecha reconstruye con gran atractivo no sólo la época del “sueño mexicano”; aquella de cientos de ilustres desconocidos que de la noche a la mañana se convertían en ídolos -muchos de ellos de barro- gracias a la radio y a la incipiente televisión. Al mismo tiempo, plantea de refilón la modernidad alemanista; aquella que había cambiado la fisonomía campirana o semi rural de la capital en una verdadera metrópolis. “Del rancho a la televisión” dirigida por Ismael Rodríguez era el relato del provinciano que no puede negar su origen y llega a la gran urbe para probar suerte y encontrar a su vez, amoríos ingratos y verdaderos.
Luis Aguilar es José Antonio Rivera, el hijo predilecto del apartado pueblo de Pungarabatirimícuaro, cuyos habitantes le han pagado sus estudios en el “bel canto” y es enviado a la ciudad para debutar -según ellos- en Bellas Artes y en la XEW. Llega a la radiodifusora y el dueño y gerente Cecilio Zárraga (Carlos Orellana, estupendo) lo envía al “concurso de los aficionados”; ese con verdugo encapuchado que les toca la campana y pierde, debido a las envidias de la atractiva cantante Graciela (María Victoria) quien se avergüenza de haber salido de un café de chinos para convertirse en estrella de la canción.
Por supuesto, Aguilar va a recibir la ayuda desinteresada de la muchacha coja Chela Campos quien se luce cantando con su peculiar estilo boleros de María Grever, pero a su vez, va a sucumbir ante las tentaciones urbanas empezando por los movimientos sinuosos de esa pantera que encarna María Victoria. A Los Tres Diamantes, Aguilar les dice “Ah, cancioneros”, se presenta a concursar vestido de elegante esmoquin: “y para eso se vistió de ministro” le comenta Zárraga, una suerte de Emilio Azcárraga padre, con sus desplantes de generosidad y de locura genial, -por cierto, los diálogos que éste sostiene con Andrés Soler (aquí, padre de Chela Campos) son sensacionales-.
Pepe Ruiz Vélez imita con gracia a Pedro Vargas y a Agustín Lara y Carlota Solares hace lo propio con María Félix. Emma Rodríguez como la secretaria igualada se encuentra estupenda, asimismo, aparecen en escena Régulo y Madaleno y lo mejor, es el apreciar los interiores de la XEW allá en Ayuntamiento, así como el flamante Televicentro en Balderas, o la estructura de la Torre Latinoamericana en construcción. Orellana comenta sobre Aguilar: “Con esas cejas, esas patillas, esos bigotes, parece contrabandista de zarzuela”. Al final, luego de que ha sido emborrachado y narcotizado por su amante María Victoria, Aguilar pide perdón ante las cámaras de TV a Chela Campos con quien entona “Si yo encontrara…”, en un filme antológico para comprender el mito urbano.
Ese mismo mito de la ciudad puede apreciarse en “Sueños de gloria” (1952), un curioso melodrama de aventuras automovilísticas patrocinado por la Automotriz O’Farrill. Aguilar es un humilde y honesto mecánico que inventa un carburador más eficiente que los actuales y se enamora de la guapa Miroslava en su papel de la hija de un magnate de la Packard y por ello se mete en serios líos con el novio de ella (Alberto Mariscal). Por su parte, en “Genio y figura” (1952) de Fernando Mnéndez -continuación de “El lunar de la familia”-, Aguilar se destrampa en la capital al lado de su amigote Antonio Badú, cuya esposa (Esther Fernández) está a punto de dar a luz. Los dos machines salen en calzones largos y sus cuerpos contrastan con la muy bien torneada Evangelina Elizondo.
Trabajo a raudales
Asimismo en ese año de 1952, Aguilar participa en “Los solterones”, una extraña sátira del machismo con Andrés Soler, un rico hacendado abandonado por “su vieja” quien lo deja con sus dos hijos -un niño y una niña-, quienes al crecer se vuelven muy machitos; sobre todo ella, llamada Sebastiana (Rosita Arenas) quien incluso se viste de hombre y se hace llamar Sebastián, a la vez que son educados en el odio a las mujeres. En el extremo opuesto, “Las interesadas” que encarnan Amalia Aguilar, Lilia Prado y la suculenta Lilia del Valle, resultan tres muchachas respondonas decididas a vengarse de los hombres. En esta comedia con música de Pérez Prado, entre otros, Luis Aguilar aparecía brevemente con una intervención musical.
Además de trabajar en dos truculentos melodramas como “Víctimas del divorcio” y “Nadie muere dos veces” dirigida por el periodists Luis Spota, tiene una estupenda participación en “Tal para cual”(52) de Rogelio A. González. Como en “A.T.M.”, o en la exitosa comedia ranchera con Infante y Negrete, “Dos tipos de cuidado”, Aguilar y el charro cantor Jorge Negrete suman esfuerzos en una curiosa parodia rural de la obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto.
Ambos, encarnan a los machos parranderos que suplantan identidades y conquistan a dos heroínas rancheras como María Elena Marqués y Rosa de Castilla. Negrete es un vivales que ha inventado a un hermano enfermo para darse la gran vida y así, conoce a Aguilar quien le hace el quite. Lo mejor del filmes es la graciosa interpretación que hace Luis Aguilar de la popular canción de Chava Flores: “Yo tenía un chorro de voz, era el amo del falsete, me admiró Jorge Negrete, Pedro Infante y otros dos…”. Para esas alturas, Aguilar se podía dar el lujo de parodiar a sus más fuertes rivales de la pantalla.
Hacia 1953 Aguilar participa únicamente en dos cintas: “Penita, pena” con Lola Flores y “Nuevo amanecer” en la que aparecían las Dolly Sisters y Los Panchos. Para ese entonces, la comedia ranchera iniciaba un descenso en picada. El número de canciones crecía, con ella la vulgaridad y la futilidad de las tramas. Se empezaban a incorporar notas picarescas y casi de vodevil, así como cantantes de poca presencia física pero de gran éxito musical, al igual que la reunión de varias jovencitas guapas e incipientes actrices que se irían acomodando al gusto del público.
Sin embargo, Aguilar dió un vuelco hacia el cine de aventuras sin descuidar la personalidad de su voz y es entonces cuando aparece en cintas como “Chucho El Roto” y se convierte de nuevo en bandolero generoso en “Los bandidos de Río Frío” y “Pies de gato” todo ello en 1954. Un año después y luego de entonar una “Serenata en México” y de reunirse con Miguel Aceves Mejía en un curioso papel de cura cantante en “Hay ángeles con espuelas”, participa en cintas de ambiente revolucionario como “Siete leguas” (1956).
El sexenio de Ruiz Cortínez agonizaba, Negrete moría en Los Angeles en 1953 e Infante perdía la vida en abril del 57. Asímismo, en los estertores de los charros y las aventuras folclórico-campiranas el género ranchero parecía encontrar una salida en el llamado “cine de caballitos”. Un cine heroico-campirano con pistolas, máscaras, boleros rancheros, peleas de cantina y sobre todo, descabellados argumentos que igual rozaban el horror, la ciencia ficción, la comedia y una suerte de cine policiaco rural que intentaba dar fe de un “viejo oeste” en plena provincia mexicana.
Intermedio. Héroes justicieros y enmascarados.
El género ranchero dió un vuelco extraño. La bravura del charro encarnada por Negrete, los machos peleoneros que compusieron Infante y Badú, las heroínas sumisas e ingenuas, así como los indios nobles y cabales ya no tenían cabida a mediados de los 50. Al mismo tiempo, el público empezaba a dejar el cine por la televisión y el negocio se iba a a pique a excepción de algunas plazas y pueblos de provincia donde las imágenes de héroes rurales cabalgando por las llanuras aún llamaban la atención.
Un cine de héroes justicieros dueños de una dudosa elegancia churrigueresca, armados con llamativas pistolas y muchos de ellos, ocultos trás un enigmático antifaz al estilo del viejo Zorro. Por supuesto, los ambientes de este nuevo subgénero distaban mucho de la opulencia y de los escenarios fotogénicos; lo que rifaba aquí, eran las locaciones paupérrimas, los llanos cercanos al Distrito Federal y las extensiones de terreno propias para el género en los Estudios Churubusco, los Azteca y los América.
En medio de persecuciones a caballo, de ineptas peleas de cantina, de jovencitas cuyos ranchos eran amenazados por tortuosos villanos, Luis Aguilar tomaba un “segundo aire” y se convertía en el nuevo héroe del género a partir de “El jinete sin cabeza” (1956) -serie de tres películas-, filmadas en la hacienda de la Encarnación y en San Pedro Atzcapotzalco; ahí, intenta localizar la cabeza perdida de Pancho Villa. Un año después, el Gallo Giro cambiaba la testa por el fuete en “El Látigo negro” y así, entre balaceras, charros, antifaces, autómatas y brujas, se transformaba en “El Zorro escarlata” -seguida de “El Zorro escarlata en la venganza del ahorcado”(ambas de 1958)- para enfrentar a un tal doctor Kraken -Ojo, no confundir con cereal, ni con alguna marca de chocolate- y también a su ayudante Posidonio quienes trabajan en un laboratorio infernal en el sótano de una hacienda.
Aguilar, fue a su vez “El enmascarado justiciero” y se enfrentó a “La diligencia de la muerte” y al misterio de “La calavera negra” -todas de 1959-. Asimismo, fué uno de “Los Cinco Halcones” (1960) al lado de otros héroes rancheros como Miguel Aceves Mejía, Javier Solís, Demetrio González y Joaquín Cordero y uno de “Los cuatro Juanes”; un western que reunía a héroes como Juan sin miedo, Juan Colorado, Juan Pistolas y Juan Charrasqueado (1964). Antes había hecho alarde de valentía y perdía un brazo en “Juan sin miedo” (1960) y a su vez, con su gallarda presencia se trastocaba en “El Zorro vengador” (1961), en “El Halcón solitario” (1963) y en “El fugitivo” (1964), un western descolorido a pesar de haberse filmado a colores.
Más curiosas aún, habían resultado filmes como “La máscara de hierro” (1959) donde se combinaba el horror y el suspenso. Aguilar interpretaba aquí a un humilde zapatero que se convertía en un justiciero apodado “El Ranchero solitario” que rescataba a una niña y a una mujer torturada justamente con una máscara metálica. Asimismo, en “La marca de Satanás” (1956), continuación “El jinete sin cabeza” y “La cabeza de Pancho Villa”, se mezclaban decapitaciones, satanismo y folclor revolucionario.
Ya en el colmo Luis Aguilar protagonizó un par de cintas ambientadas en el “oeste ranchero” que se fusilaban el argumento de algunas ejemplos grandiosos del género. En “El revólver sangriento” (1963) al lado de Lola Beltrán, El Indio Fernández y Flor Silvestre, una pistola provoca varias tragedias a los diferentes personajes que la portan en una burda copia de “Winchester 73” de la que incluso se robaban algunos diálogos. Por su parte, en “Duelo de pistoleros” (1965) con Aguilar, Manuel Capetillo, Irma Dorantes y Dacia González, el realizador y sus guionistas se daban el lujo de plagiarse descaradamente una buena cantidad de westerns clásicos como “A la hora señalada” o “Shane, el desconocido”.
La urbe en el ocaso de los 50.
Al tiempo que Aguilar se había convertido en el héroe de decenas de westerns rancheros que lo catapultaban a los cines de segunda corrida, realizaba una serie de curiosas mezclas de dramas y comedias ambientadas en una ciudad que había sido tomada por los jóvenes; los rebeldes sin causa a quienes se le achacaban pecados como el rocanrol, el sexo, el alcohol y el ruido. A su vez, Aguilar intentaba participar en cintas de prestigio que para esas alturas del partido empezaban a escasear, no sólo por la ausencia de varias de las grandes figuras de antaño, sino porque el negocio había dejado de ser el cine.
Así, en mancuerna con Agustín Lara y Pedro Vargas conformaba el grupo de “Los tres bohemios” (1956) en una comedia mundana que pretendía mostrar otra cara de las tres conocidas celebridades del ambiente fílmico-musical, quienes integran a un trío de bohemios simpáticos, enamoradizos e irresponsables que siempre andan en líos económicos y de faldas. A ésta, le siguió una continuación más extravagante: “Los chiflados del rock’n roll”; en ella, repiten los tres -al igual que el perico “Calígula”-, como dueños de un cabaret a punto de la quiebra en un filme que mezclaba boleros, canciones rancheras y baladas dizque rocanroleras.
En “Locos peligrosos” (1957), Aguilar formaba un trío musical con Germán Valdés Tin Tán y la guapa Yolanda Varela para concursar en el programa de La hora de Paco Malgesto, sólo que lo intentan por la vía de la música clásica y terminan grabando rock y jazz. Esta comedia se empeñaba en encontrar oposiciones entre la música culta y los ritmos de moda. Luis Aguilar, el mismo Tin Tan, Pedro Vargas, Agustín Lara e incluso Silvia Pinal tenían breves intervenciones musicales en la tragicomedia de suspenso “Teatro del crimen” (1956) y Aguilar tenía otra participación musical en “Maratón de baile” (1957).
Pensada originalmente para ser interpretada por la exitosa pareja de “A.T.M.”, “Ando volando bajo” (1957) de Rogelio A. González, tuvo que replantearse y es entonces cuando entra al quite Pedro Armendáriz en pareja con Luis Aguilar y la atractiva Lilia Prado. Aguilar y Armendáriz intentaron emular las hazañas del Hollywood de los años 30 en esta comedia con tonos de melodrama. Aguilar es un fanfarrón y piloto cantarín que pierde su avión jugando a las cartas, teniendo por ello que trabajar como mecánico e instructor de vuelo.
De nuevo, Aguilar era enviado al espacio del cabaret en “Besos prohibidos” con Ana Luisa Peluffo. Y en “No me olvides nunca” (1957) hace una buena pareja cómico-musical con la simpática cubana Rosita Fornés. Como gancho publicitario, un productor inventa un idilio entre una vedette y un actor cantante y sin proponérselo ambos terminaban enamorados. Por supuesto la trama lucía por sus números musicales. También en un cabaret trabajaba Aguilar en “Alma de acero” (1956) donde hace el doble papel de unos hermanos gémelos: un cantante de centro nocturno que odia la violencia y el otro, un fugitivo de la justicia en esta versión nacional de Los hermanos Corso de Alejandro Dumas.
Asimismo en “Remolino” (1959), Luis Aguilar actúa al lado de la bella Sonia Furió y del joven Agustín de Anda que un año después fallecería trágicamente acribillado por el padre de Ana Bertha Lepe. En este divertido drama por excesivo, Furió interpreta a una exuberante capitalina que llega -”con sus perversidades”- a desequilibrar la tranquila vida de una familia de rancheros jaliscienses, entre ellos, Aguilar, un buen muchacho a quien la “lagartona” urbana se le entrega y por ello, al final es arrojada a los puercos. Se trata casi de una adaptación de la película “Susana, carne o demonio” de Luis Buñuel.
1963. El año de “El hombre de papel”.
Es cierto que Aguilar rebesaba los 50 años y aún seguía protagonizando cintas de “caballitos” y comedias campiranas. No obstante, la experiencia y su talento daban pie a un lucimiento personal en pequeños papeles con los que Aguilar robaba cámara. Ejemplo de ello es “El bracero del año” (1963) de Rafael Baledón protagonizada por el simpático Eulalio González Piporro, Ofelia Montesco y Kitty de Hoyos. Piporro es un bracero mexicano en Estados Unidos que escapa a la dura realidad con descabelladas fantasías, en las que se llama, por ejemplo, Natalio Reyes Colás (versión latina de Nat King Cole), cuando interpreta canciones como Chulas fronteras. En California, durante la recolección de la manzana, se enfrenta a otro bracero burlón que Aguilar encarnó de maravilla.
Pero nada comparado con la extraodinaria interpretación que hace de un ventrílocuo transa y borrachín en “El hombre de papel” (1963) de Ismael Rodríguez, basada en un relato de Luis Spota y protagonizada por Ignacio López Tarso, a quien incluso Aguilar le roba el mandado en las breves escenas en las que aparecen juntos. Es la historia de un pepenador mudo sediento de afecto y cariño y que debe vivir a la defensiva además de que no puede cambiar un billete de diez mil pesos que todo mundo desea robarle: una prostituta italiana (Alida Valli), un tendero gangoso (Guillermo Orea), la encargada de depósito de papel (Dolores Camarillo), o la mujer de su amigo, chofer de mudanzas (Rita Macedo y Ferrusquilla).
El filme en el que aparecen varias estrellas en breves papeles (David Silva, Vitola, Pedro Vargas, Columba Domínguez y más) y que cuenta con una extraodinaria música de Raúl Lavista, es además un recorrido por una ciudad de México convertida en metrópoli desquiciada y corrupta con grandes desigualdades sociales. La primera imagen de Luis Aguilar, es la de un hombre viejo y amolado junto con su muñeco Titino -creación de Carlos Monroy- quien “canta” : “Hay Bartolini, que tristini es la vidini” y se aprovechan del mudo para burlarse a costa suya: “¿Eres mudito? ¿Y como te llamas?”.
Aguilar ante un público heterogéneo le comenta a Titino: “Mire nomás a donde venimos a parar. Antes hasta en la televisión salíamos y por culpa de usted nos corrieron”. De hecho, es Aguilar el que termina transándole su billete de diez mil pesos al pepenador. Le vende su muñeco “mágico” para acabar botándose la lana en el bar Zanzibar. A pesar de que Ismael Rodríguez cae un poco en el pintoresquismo “El hombre de papel” vale en buena medida por la ambigua y conmovedora interpretación de un genial Luis Aguilar.
Más aventuras rurales y revolucionarias
Al inicio de esa década, parecía que no había descanso para Aguilar, un actor que empezaba no sólo a sufrir los estragos de la acumulación en películas de todo tipo, principalmente de bajo presupuesto y en pequeños papeles que le redituaban una buena ganancia económica pero nada más. A su vez, estaba el asunto de la edad; había rebasado los 40 años y dificilmente podía convertirse en el galán joven, y a su vez, estaban los problemas del alcohol que iba dejando atrás, gracias al apoyo de su querida esposa Rosario Gálvez. Así, encasillado ya en los papeles de héroe rural, iniciaba una serie de cintas ambientadas en la Revolución Mexicana.
Así, podía transmutarse en charro revolucionario en un filme como “Juana Gallo” (1960); una superproducción a color para lucimiento de una atractiva y bravía María Félix, que pasa de campesina a jefa de la Revolución levantada en armas contra el traidor de Huerta y se enamora fatalmente de un capitán federal que interpretaba Jorge Mistral. Mucho desplante machista y poca acción, en la que Aguilar interpretaba al coronel Arturo Ceballos Rico quien une sus fuerzas a las de Juana Gallo.
Ante todo, la idea era crear la imagen paternalista, folclórica y espectacular de un nuevo cine revolucionario que en el peor de los casos, aún se confundía con el melodrama ranchero y su despliegue cancionero, e incluso con el western de aventuras bravías y tema revolucionario, como lo muestra “El correo del norte” (1960) en la que Aguilar encarna al enmascarado misterioso Zorro escarlata quien se convierte en el correo de Villa en un filme en el que aparece por cierto la mismísima Sombra vengadora (Fernando Osés).
En “Atrás de las nubes” (1961) con Marga López y Dagoberto Rodríguez, Luis Aguilar encarna a un coronel carrancista que se enfrenta a un dilema al no saber cuál de dos niñas es su verdadera hija. En “El pozo” (1964), Aguilar es de nuevo un viudo con tres hijos que contrae matrimonio con Sonia Furió quien pierde al hijo que espera de ambos y entonces, transtornada por la tragedia, arroja a un pozo a los niños de aquel.
Al lado de Lola Beltrán y El Indio Fernández, Luis Aguilar regresa con un drama revolucionario en “Los hermanos Muerte”, y en “Gallo corriente, gallo valiente” -ambas de 1964- alterna con Demetrio González en una rutinaria comedia de desplantes machistas en la historia de dos charros cantarines y mujeriegos; lo curioso es que sus preciosas novias (María Duval y Ofelia Montesco) no eran machorras, sino más bien muchachitas cursilonas. Y de nuevo, regresaba al western como justiciero que pasa por cobarde en “El comandante furia” (1965) al lado de la hermosa y exuberante Sonia Infante y como apoyo del caballista Gastón Santos en “El silencioso” (1966).
En 1967 trabaja como protagonista a sus 50 años de edad, en dos cintas de Alberto Mariscal. “El caudillo” con Rodolfo de Anda, Emilio El Indio Fernández y la siempre inquietante Irma Serrano es un drama revolucionario muy bien actuado y mejor filmado en el que Aguilar interpreta al zapatista Valentín de la sierra, quien debe fusilar a un compañero que asesina enemigos sin que éstos puedan defenderse. Y en “La chamuscada”, escrita por Juan de la Cabada y Luis Alcoriza, Luis Aguilar encarna a un arrojado combatiente zapatista.
El declive. Años 70-90
Aguilar llegó maltrecho a la década de los 70 donde filma únicamente seis películas y donde participa como actor de apoyo y como padre de los protagonistas en cintas como “El ausente” (1972) o “Los galleros de Jalisco” (1973) ambas dirigidas por el actor Arturo Martínez. En la primera, es un ranchero que teme ser despojado de su propiedad por parte de dos familias y alterna con el joven Valentín Trujillo y Patricia Aspillaga. En la segunda, es el padre del actor Juan Gallardo y debe vivir una tragedia cuando entra en pleitos con su compadre que encarna Mario Almada.
Arranca los 80 con Valentín Trujillo como actor-director en “Cacería humana” (1986) y trabaja también bajo las órdenes de Alfedo B. Crevenna en películas de acción como “Cargamento mortal” con los hermanos Almada, o “Programado para morir” -ambas de 1987-, sin faltar algunas participaciones en cintas de Raúl Fernández para lucimiento de Rosa Gloria Chagoyán, ya sea “La rielera” (1987) o “Lola la trailera 3” (1990). Si los 70 tuvieron a un mujerón en Camelia como la reina del cine de narcos, los años 80-90s responderían furiosos con una nueva heroína más cercana al comic que al cine mismo, encarnada en Lola La Trailera: cuerpo espectacular, cara de arrepentimiento, hot pants, botas, metralleta y el suspenso de la carretera.
Luis Aguilar se refugió en la televisión y a pesar de algunas breves participaciones en bodrios vulgares como “A gozar, a gozar, que el mundo se va a acabar” (1988) con Lalo El Mimo o “El muerto al hoyo (y el vivo también)” (1989), aún obtuvo el Ariel de Coactuación Maculina en su vital y buen papel de galán senil en “Los años de Greta” -su ultima película- dirigida por Alberto Bojórquez en 1991. Se trata de un inteligente drama sobre las opciones de la tercera edad en el que encarna al amante otoñal de una locataria de un mercado que interpreta Meche Barba, quienes consiguen sacar de su letargo a una anciana (Beatriz Aguirre) relegada por su familia. Como dato curioso, cabe señalar que Meche Barba también apareció con Aguilar en su primer filme “Sota, caballo y rey”.
Cantante y actor solidario y luchón, Luis Aguilar tal vez no haya alcanzado las alturas de primerísimas figuras como Pedro Infante o Jorge Negrete, pero que caray, estuvo ahí, apoyándolos y luciendo modestamente en un cine sencillo, entretenido, emotivo y eficaz que lo convirtió en leyenda.
...[Leer la nota completa]Cuando yo Vuelva o Rumbo a Tokio o, Destination Tokyo
En los ya lejanos años cincuenta, en el pleno disfrute de las matinees dominicales, destacaba, entre las películas bélicas y en particular las del sub tema de la guerra en los submarinos la conocida aquí en México como “Cuando Yo Vuelva”, con título original en inglés “Destination Tokyo, 1943) y que más tarde, al pasar en los años setenta en la televisión le pusieron el de “Submarino a Tokio” y que ahora TCM nos la presenta como “Rumbo a Tokio”, pero independientemente de las modificaciones o el uso de diferentes títulos en español, la cinta conserva buena parte de sus virtudes de film de acción y sus defectos de propaganda bélica, aunque ahora parte de ella resulta una curiosidad, por sus contenidos.
Pero como diría Jack el Destripador “vayámonos por partes”. A pesar del título de “Cuando Yo Vuelva”, más propio para un “culebrón”, lo cierto es que el romance o el posible desasosiego de la Sra. Cassiday (Faye Emerson) por la suerte que le pueda deparar el destino a su esposo, el capitán Cassiday (Cary Grant), en una misión peligrosa, se ve más como un pegoste, por necesidades de complacer al público femenino, en la inclusión de una mujer, en una trama que podía prescindir de ella, sin quitar un ápice de interés o suspenso, a lo que les sucede a los miembros de la tripulación del submarino, aunque como filme de propaganda, realizado en plena Segunda Guerra Mundial, lo de la mujer podía tener el propósito de hacer énfasis en que sus hombres tenían que marchar a la guerra, en el extranjero, para preservar su hogar en su tierra natal.
El título de “Submarino a Tokio” o “Rumbo a Tokio” son más claros en los alcances de la historia, ya que precisamente se trata de la arriesgada misión del primer submarino –el Copperfin- que tiene como objetivo llegar hasta la bahía de Tokio, para explorarla y establecer una estación de comunicación, desde la cual enviar información al Alto Mando en los Estados Unidos, para poder enviar aviones a bombardear a Tokio, por primera ocasión, que en aquellos momentos tenía más justificación propagandística que estratégica, para la población de los Estados Unidos, que aun estaba desmoralizada por el ataque a Peral Harbor y el que se pudiera bombardear Tokio, tenía el valor de mandar el mensaje que los Estados Unidos también podían “profanar” suelo japonés.
Lo anterior nos da cuenta del argumento en tono documental de “Rumbo a Tokio”, antes que el tratar de hacer una obra de ficción. Y precisamente a que originalmente el guión que se le solicitó a Delmer Daves, era el de un documental sobre esa misión es que se le dio la oportunidad de debutar como director. Daves tenía más de catorce años de guionista, la mayoría de ellos en la Warner Bros y cuando se lanzó a la tarea de escribir “Destination Tokyo” no estaba en su mira el dirigirla, pero dejemos hablar al propio Daves al respecto, en una entrevista que Paul Mayersberg le hizo para su libro “Hollywood: la casa encantada”: “En calidad de guionista había estado embarcado en un submarino para documentarme y escribir ‘Destinatyon Tokyo’, en 1943. Warner me dijo que le gustaba mucho el guión y que los detalles técnicos le habían fascinado. Le molestaba, sin embargo, verse obligado a enviar a un director, sea el que fuere, a alta mar para asimilar tales detalles satisfactoriamente. Me preguntó entonces si me gustaría dirigir la película. De hecho no lo deseaba realmente, aunque cuando empecé en el cine como copista pensé a veces en convertirme en director. Pero en aquel momento ya llevaba catorce años como guionista y me sentía tan satisfecho de mi trabajo que no me interesaba cambiar. Warner insistió: ‘Hágalo’. Y ése fue el principio de mi carrera como realizador, aunque la cosa no se reducía simplemente a que Warner me contratara para dirigir la película. Tuve que obtener el visto bueno de la estrella que era Cary Grant. El productor era Jerry Wald. Bien, Cary Grant telefoneó para decir que aceptaba el guión. Preguntó quién iba a ser el director y Wald, temblando de miedo, porque sabía que Cary poseía el privilegio de aceptar o rechazar a un director, le contestó que Delmer Daves. Cary vaciló un instante, lo pensó y dijo: ‘¿Por qué no? Sí, Delmer podría ser un buen director’. Cuando preguntó quién iba a ser el operador-jefe y le contestaron que Bert Glennon, un hombre con quién ya había trabajado, repuso: ‘Exclente. Haré con mucho gusto esta película’.
“Así que Jerry Wald llamó a Warner para decirle que Cary me había aceptado como realizador. Cinco o diez minutos más tarde sonó el teléfono. Era el agente de Cary. Dijo que le habían notificado que Cary deseaba protagonizar ‘Destination Tokyo’ y preguntó quién era el director. Pero esta ocasión, en vez de entusiasmo, la reacción fue de sorpresa y horror. Gritó: ‘¡Delmer Daves no ha hecho una sola película en su vida! ¿Qué pretende dar a entender con eso que dirigirá a Cary Grant? ¡Que practique con alguien antes de trabajar con mi estrella!’. Wald balbuceó: ‘¿Ha hablado usted con Cary?. Y el agente vociferó: ‘¡Me importa un bledo lo que diga Cary! Me dedicó a llevarsus asuntos y me opongo a que un debutante, que nunca ha hecho nada antes, le dirija’. Jerry murmuró ‘De acuerdo’. Y telefoneó a Warner para darle cuenta de la actitud del agente. Parecía que así iban a quedar las cosas. Pero entonces el agente llamó otra vez para explicar que había hablado con Cary y éste había decidido que no haría la película con otra persona que no fuera Delmer Daves”.
“Mas tarde le pregunté a Cary Grant el motivo que le había inspirado tan definitiva aprobación. Me explicó que al telefonear el agente para reprocharle por arriesgarse con un debutante, le recordó que en cierta ocasión Mae West le señalo con el dedo y dijo:‘Me agrada este joven. Creo que será mi nuevo galán’. Y así había iniciado su carrera. Cary que me conocía como amigo y apreciaba muchas de las películas que yo había escrito, opinaba que podía ser un buen director. Por qué entonces no ser el primero en decir: ‘Tengo fe en Delmer Daves’. Así fue como empezó todo. La fe combinada de Cary Grant, Jerry Wald y Jack Warner”.
Al final de cuentas la apuesta a favor de Daves rindió frutos y la combinación del tono documental con una historia de relativa ficción, en la cual se nos dan pormenores de la vida cotidiana en un submarino, al grado que varias visiones de la cinta, nos pueden dejar la impresión de que ya conocemos, al detalle, por dentro este tipo de naves, tanto en el aspecto técnico, como en el de las labores de la tripulación. La virtud de Daves estriba en que logra hacernos entretenida esta historia, en la que no dejan de haber sus excelentes momentos de acción, en este retrato de la vida en un submarino
Si hacemos caso omiso del papel de Cary Grant como agente de contraespionaje en “Tuyo es mi corazón” (Notorious, 1946) de Alfred Hitchcock y en las comedias “El Beso del Adios” (Kiss them for me, 1958) de Stanley Donen; “Sirenas y Tiburones” (Operation Petticoat” de Blake Edwards y “Papa Ganso” (Father gosse, 1964)de Ralph Nelson, quedaría su participación en “Submarino a Tokio” como el único personaje de película bélica que realizara el actor. Por lo menos si es el único dramático y que se rodó en pleno desarrollo de la guerra y con claros e inconfundibles tintes propagandísticos.
Decíamos al principio de la nota que los rasgos de propaganda, pueden resultar ahora, por lo menos curiosos, sino que irritantes al escuchar en labios de Cary Grant, diálogos como los siguientes: “Los japoneses no conocen el amor, ni siquiera tienen una palabra para él en su diccionario”; “Más patines y menos cuchillos para los japoneses”, aunque las palmas se las lleva el que pronuncia antes de que inicie el bombardeo sobre Tokio: “No dicen que los japoneses son felices muriendo por su Emperador. ¡Pues hoy van a ser muy felices!”. Dichos diálogos se conservaban en las copias que vimos en cine en los cincuenta, al igual que cuando pasó por televisión en los setenta y entrados los noventa en el Canal 11 de México, no he visto la copia que se proyecta en TCM y que está programada para volver a pasar este lunes 14 a las 22.05 hrs. en que parece se respeta su duración original de 133 minutos, pero ignoro si en el doblaje de la misma, no sufrieron censura dichos diálogos.
En todo caso no debemos de olvidar que estamos ante una obra realizada en 1943, cuando aún no era claro quién ganaría la guerra y se buscaba ser exultantes en la motivación del patriotismo en los espectadores, para que contribuyeran al esfuerzo bélico, no solamente de manera moral, sino económica, pues aún en muchas copias de películas de aquellos años, podemos ver al final que se conserva su “cola”, con el mensaje de que se pueden comprar “bonos de la guerra”, a la salida del cine.
Precisamente, en las muestras de acendrado heroísmo por parte de los protagonistas, en varias de las secuencias de acción, podríamos encontrar ahora, algunas objeciones, al desbordamiento de “homenaje a los caídos” que campea en “Submarino a Tokio”, basada en una historia de Steve Fisher, cuyo guión se debió casi en su totalidad a Delmer Daves, pues Albert Maltz también intervino en la fase final de su confección. Tal y como sería después a lo largo de su carrera de director, Daves cuida la fotografía de la misma con su característica búsqueda estilista de cierta cadencia pictórica, que en el caso de “Submarino a Tokio” a cargo de Bert Glennon, el uso de los claroscuros, con el juego de sombras indirectas, sobre todo en las secuencias de mayor tensión, en el interior del submarino, nos dan claramente la atmósfera de claustrofobia que se debe de respirar o mejor dicho sentir en esas naves, cuando están siendo atacadas. De cualquier manera, más allá de sus momentos panfletarios, son mayores las virtudes que conserva esta cinta, para conservarse vigente y poder disfrutar con su visión, en la cual también destacan, junto con Cary Grant, en su actuación John Garfield, Dane Clark, John Ridgely, Alan Hale y el casi debutante John Forsythe.
...[Leer la nota completa]Cine Viñetas XXIII
Oh Dae-Su despierta en una celda, en la que permanecerá confinado durante 15 años, sin saber por qué. El día de su liberación, el protagonista inicia una frenética pesquisa para averiguar las razones de su encierrro ¿Necesitamos más razones para ver Oldboy? (Corea del Sur, 2003)
...[Leer la nota completa]La guerra y el cambiante cine bélico
Conforme el cine fue dejando de ser una mera atracción de feria, para ser tomado en cuenta como una expresión artística, no faltaron los críticos y los propios productores en establecer categorías genéricas a las películas, siguiendo los modelos de la literatura de Aristóteles y Horacio, en un afán de agruparlas de acuerdo a su forma externa y su temática, así en principio se habló de western, cine bélico, thriller, policiaco, comedia, musical, cine de aventuras, ciencia ficción, peplum y melodrama, a los cuales se les han agregado algunos otros, pero los anteriores son prácticamente el núcleo de los mismos.
Sin embargo los géneros no son estáticos y se mantienen en constante evolución, con modificaciones sustanciales entre los cuales destacan las películas de guerra, tal y como lo va desentrañando de forma aguda Hilario Rodríguez en su interesante y recomendable libro “El Cine Bélico. La Guerra y sus Personajes” editado por Paidós en 2006, en donde de entrada afirma: “Desde mi punto de vista, el cine bélico es uno de los géneros más expuestos a variar su forma, como si la percepción personal pudiese alterarlo, dependiendo de cuestiones como nacionalidad, edad, profesión, sexo… Hay, de hecho, quienes no consideran cine bélico aquel que trata, directa o indirectamente, guerras anteriores al siglo XX. Y no faltan críticos cinematográficos a los que no les parece que la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial puedan entrar en un mismo género. ¿Será por una cuestión de gustos? ¿De amplitud? ¿Número de bajas? ¿Países implicados? No, no lo creo. La diversidad de opiniones tiene que ver con problemas relacionados con nuestra concepción del mundo y del país de origen de cada uno”. Lo último resulta obvio en nuestro caso, cuando a las películas enmarcadas en la Revolución Mexicana, las distinguimos precisamente como “Cine de la Revolución” y no las metemos en el saco del “Cine Bélico”.
Es cierto que la tendencia mayoritaria es solo agrupar a las que se refieren a conflictos armados en el siglo XX y lo que va de este como pertenecientes al cine bélico, pero si uno lee con detenimiento el texto de Hilario Rodríguez, en su repaso de la Prehistoria hasta nuestros días, la perspectiva se abre al asumir que la guerra ha estado, más que como última solución en muchos casos como la única para dirimir las diferencias entre pueblos vecinos y naciones, sobre todo si consideramos que el uso de las películas bélicas, como parte de la propaganda ideológica para sensibilizar al público de un determinado país, su aceptación o rechazo a la guerra, se utilizaron temas del pasado referido a grandes epopeyas de sus ejércitos, como parte de la exaltación de los valores nacionales y la convicción de que si antes de pudo sa