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Archivo para 25 February 2008
Ganadores de la 80 ceremonia del Oscar
A continuación la lista completa de ganadores en la 80a ceremonia de entrega anual de los premios de la Academia, celebrada el domingo en el Teatro Kodak de Los Angeles:
1. Mejor película: No Country for Old Men. (SIN LUGAR PARA LOS DEBILES)
2. Actor: Daniel Day-Lewis, There Will Be Blood. (PETROLEO SANGRIENTO)
3. Actriz: Marion Cotillard, La Vie en Rose. (LA VIDA EN ROSA)
4. Actor de reparto: Javier Bardem, No Country for Old Men. (SIN LUGAR PARA LOS DEBILES)
5. Actriz de reparto: Tilda Swinton, Michael Clayton. (MICHAEL CLAYTON)
6. Director: Joel Coen y Ethan Coen, No Country for Old Men. (SIN LUGAR PARA LOS DEBILES)
7. Película extranjera: The Counterfeiters, de Austria.
8. Guión adaptado: Joel Coen y Ethan Coen, No Country for Old Men. (SIN LUGAR PARA LOS DEBILES)
9. Guión original: Diablo Cody, Juno. (JUNO)
10. Largometraje animado: Ratatouille. (RATATOUILLE)
11. Dirección de arte: Sweeney Todd the Demon Barber of Fleet Street. (SWEENEY TODD, EL BARBERO DEMONIACO DE LA CALLE FLEET)
12. Dirección de fotografía: There Will Be Blood. (PETROLEO SANGRIENTO)
13. Mezcla de sonido: The Bourne Ultimátum. (EL ULTIMATUM BOURNE)
14. Edición de sonido: The Bourne Ultimátum. (EL ULTIMATUM BOURNE)
15. Música original: Atonement, Dario Marianelli. (EXPIACION)
16. Canción original: Falling Slowly, de Once, Glen Hansard y Marketa Irglova.
17. Vestuario: Elizabeth: The Golden Age.
18. Película documental: Taxi to the Dark Side.
19. Cortometraje documental: Freeheld.
20. Edición: The Bourne Ultimatum. (EL ULTIMATUM BOURNE)
21. Maquillaje: La Vie en Rose. (LA VIDA EN ROSA)
22. Cortometraje animado: Peter & the Wolf. (PEDRO Y EL LOBO)
23. Cortometraje de acción: Le Mozart des Pickpockets.
24. Efectos especiales: The Golden Compass. (LA BRUJULA DORADA)
El amor en los tiempos del cólera, o las desventuras del mercado.
La narrativa latinoamericana ha dejado atrás su época de auge, la magia barroca de lenguaje quedó plasmada en la obra de Lezama Lima, Alejo Carpentier, Guimaraes Rosa y, sobre todo, Gabriel García Márquez. Todos ellos son gloria de las letras que nunca llegaron a la justicia del cine, salvo por la obra, jamás escrita, de autores fílmicos con la talla de Galuber Rocha, y ahora, en el atardecer de aquel Boom de los sesenta y setenta, un estadounidense nos regala su visión de lo que García Márquez dijo en “El amor en los tiempos del cólera”.
Por si misma la novela gigantesca del Gabo colombiano es un monumento al Kitch voluntario, una muy extensa tarjeta postal con la que se muestra el fantástico mundo exótico de nuestro subcontinente a ojos profanos que conciben la cultura como urbana, latina y árida; un gigantesco fresco de verdura y agua corriente donde compiten por el titulo de lujuriosidad las flores de la selva y los miembros viriles de los personajes; en suma un fresco que rompa el horizonte árido de la racionalidad occidental, y como tal un gran éxito editorial (léase un best-seller).
Con el despliegue de capital y publicidad hecho para la cinta de Mike Newell era de esperarse algo más que una película en semitonos donde impera sobre todo la anécdota de un criollo tozudo que espera la vejez para perder la virginidad de sentimientos, que en juegos de claroscuro ya ensayados por cierto por Billie August para su puesta en escena de La casa de los espíritus, y hacer también de la violenta historia que matizó la conducta de los personajes tan solo un escenario fragmentado en el que la historia no pasa, excepto en los protagonistas principales.
Javier Bardem impecable como el “latino” de lujuria vacía e insignificante que carece de voluntad propia ante la existencia y se deja llevar por los azares del entorno, y Giovanna Mezzogiorno como la resignada “hispana” que sostiene diálogos insulsos esperando el temido instante de entrega en la vejez, a despecho de haber tenido una vida significativa que se hace vacía a bordo de un hotel de río selvático.
Para comprender esta puesta en pantalla hay que olvidar a García Márquez y a la magia brutal de su empleo del lenguaje como reflejo idiosincrásico de lo latinoamericano (perpetuamente ligado a lo real maravilloso, sometido al influjo de una historia hecha en conflicto de armonía permanente con el medio físico y humano), hay que buscar en la linealidad cartesiana de la mentalidad del guionista Ronald Harwood, que desafía toda teoría de la adaptación fílmica para concentrarse en hacer una obra compleja reducida a tan solo la anécdota de una pareja avenida al amor con el tiempo en una época, la nuestra, en que todo sentimiento profundo termina donde la voluntad individual choca con cualquier interés que no sea el propio.