Planeta Aguascalientes
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Archivo para December 2007
Cine Viñeta X
Tan sólo un cuadro de Á ma soeur! (Catherine Breillat, 2001) condensa la compleja relación entre Anaïs y Elena: las hermanas caminan por el sendero y al abrazarse, hacen evidente el gran contraste entre sus cuerpos. Una es obesa y la otra es flaca; será el resto del mundo el que a partir de esta diferencia teja el conflicto entre las dos.
...[Leer la nota completa]George Stevens: cineasta de la épica norteamericana
“Antes de ‘Ambiciones que Matan” (A place in the sun), George Stevens era un pequeño director con grandes cualidades; después de ella fue un gran director con pequeñas cualidades”.
Andrew Sarris.
El director George Stevens nació el 18 de diciembre de 1904, en Oakland, California y murió el 8 de marzo de 1975, en Lancaster, California, de un infarto al corazón. Su padre fue el actor Landers Stevns y su madre la actriz Gladys Cooper, quienes tenían su propia compañía teatral en Oakland. Para mayor abolengo teatral, cabe mencionar que su abuela materna, Georgia Woodthorpe, también fue una célebre actriz de teatro. Se dice que el debut de la madre del director, fue cuando era una niña en la obra “Little Lord Fauntleroy”, en un teatro de Los Ángeles, al lado de su abuela.
Roberto Gavaldón: el ogro
El controvertido cine director Roberto Gavaldón Leyva, a quién en el medio se le conocía como “El Ogro”, nació el 7 de junio de 1909, en Ciudad Jiménez, Chihuahua y murió el 4 de septiembre de 1986, en la ciudad de México, en su vieja casona, ubicada en la calle de Ribera de San Cosmé, en la colonia San Rafael. Su padre fue don José María Gavaldón Chávez quién era contador público y su madre se llamó Enriqueta Leyva de Gavaldón.
Conforme a lo que el propio director nos cuenta, sobre su persona, en “Cuadernos de la Cineteca Nacional: Tomo 7”, “Testimonios Para la Historia del Cine Mexicano”, fue el tercero de cuatro hermanos. En 1911 la familia se mudó a Torreón, Coahuila, donde permanecieron 8 años, trasladándose a la ciudad de México. Antes de terminar la preparatoria se fue vivir a los Estados Unidos. Buscó estudiar la carrera de odontología, pero como tenía que trabajar para mantenerse, entró al cine, en Hollywood, un poco por curiosidad y un tanto al tener amigos allí, que le ayudaban a conseguir trabajo de extra en 1926.
Glenn Ford: una estrella longeva (Quinta parte)
El valenciano Vicente Blasco Ibáñez publica en 1916, por encargo del presidente francés Raymond Poincaré, su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, folletón anti bélico, más bien anti germano, sobre las familias del alemán Karl von Hartton y el francés Marcelo Desnoyers, casados, respectivamente, con las hijas de un rico terrateniente argentino, los cuales, ante la inminencia de la Primera Guerra Mundial, deciden regresar con sus familias, a sus países de origen. Ya en Europa, los primos adultos siguen diferentes caminos Heinrich ingresa al ejército donde pronto asciende a Coronel, por su parte Julio mantiene una vida frívola en París, al amparo de declararse neutral, apelando a sus raíces argentinas, enredándose con la esposa de un oficial francés. Al final, Julio comprende que no puede huir de su responsabilidad, participa en la guerra y se enfrenta con su primo Heinrich, ante el imperativo de detener el avance de la barbarie del ejército alemán, que pretende acabar con la civilización occidental.
La traductora Charlotte Brwester Jordan compra los derechos de autor en 300 dólares, creyendo Blasco Ibañez haber hecho un gran negocio, pero a finales de 1916, al salir la versión en inglés, en el mercado norteamericano, se convierte en un best seller, alcanzando ventas de más de 30,000 ejemplares durante varios meses. Al entrar en febrero de 1917 los Estados Unidos a la conflagración mundial, la prensa la considera “la novela de la guerra”, debido a su germanofobia, cayendo como anillo al dedo para los fines propagandísticos del momento, en que se requiere se enlisten en el ejercito los jóvenes americanos, para ir a combatir en Europa.
Glenn Ford: una estrella longeva (Cuarta parte)
La facilidad de poder revisar en varias ocasiones una película, en comparación con reeler una voluminosa novela, contribuye en gran medida a enriquecer nuestro conocimiento y revalorarlas, tanto en lo positivo o negativo que de ellas teníamos. Mi opinión respecto a “El tren de las 3.10 a Yuma” (3:10 to Yuma, ‘57) es un buen ejemplo de esta situación. Estrenada en Estados Unidos en octubre de 1957 y aquí en Aguascalientes en febrero de 1958, cuando apenas iba a cumplir once años, mi entusiasmo sobre este western fue avanzando con el tiempo. En un principio lo escaso de la acción física, en cuanto a balaceras y enfrentamientos no resultaba tan estimulante su visión, en relación a otros westerns, pero como en esa época los cines ofrecían programas dobles y triples, terminaba uno viendo en diversas ocasiones cintas, no tan de nuestro agrado, por estar simplemente programadas, en una función en medio de otras dos que nos interesaba contemplar, como me sucedió con “El tren de las 3:10 a Yuma”.
Conforme fui pasando de un voraz filmófago que miraba un promedio de 10 a 15 películas a la semana, para transformarme en un aficionado que buscaba discernir o ponderar desde diversas perspectivas el cine, el hit parade de mis favoritas se movía, cual acciones en la bolsa de valores, en un vaivén de sube y baja, hasta ir encontrando su equilibrio. Aprendí a valorar los llamados superwestern, iniciada por “A la hora señalada” (High Noon, ‘52) y continuada por “Shane, el desconocido” (Shane, ‘53), pasando por “El refugio” (Rancho Notorius, ‘52) “Mujer pasional” (Johhny Guitar, ‘54), inclusive “El pistolero invencible” y llegar a “El tren de las 3:10 a Yuma”, para en posteriores revisiones de los expertos señalar que en rigor el primero de este tipo de westerns fue “Fiebre de sangre” (The gunfighter, ‘50) o ir todavía más atrás y poner como antecedentes de los mismos a “Conciencias muertas” (The Ox-bow incident, ‘43) y “Su única salida” (Pursued, ‘47), los cuales en un principio no me emocionaba tanto su visión. El crítico Andre Bazin en su ensayo “Evolución del western”, publicado originalmente en “Cahiers du Cinéma” en diciembre de 1955 es el introductor del término: “De una manera convencional, llamaría ‘superwestern’ al conjunto de formas adoptadas por el género después de la guerra. Puede justificarse de una manera negativa por su oposición al clasicismo de los años 40, y sobre todo a la tradición que alcanzan su cumbre durante esos años. Digamos que el ‘superwestern’ es un western que se avergüenza de no ser más que él mismo, e intenta justificar su existencia con un interés suplementario: de orden estético, sociológico, moral, psicológico, político, erótico…, en pocas palabras por un valor extrínseco al género y que se supone capaz de enriquecerle”.
Glenn Ford: una estrella longeva (Tercera parte)
En 1938 Jean Renoir consiguió una de sus obras maestras del realismo poético, al llevar a la pantalla una adaptación de la obra de Emile Zola “La bestia humana” (La bete humanine, ‘38) con Simone Simon y Jean Gabin en los roles principales, la cual tuvo mucho éxito de público. Jerry Wald que estuvo a cargo de la producción de “Tempestad de pasiones” (Clash by night, ‘52) dirigida por Fritz Lang en la 20th Century Fox, cuando pasó a la Columbia y después de la acogida de “Los sobornados”, propuso a Harry Cohn que podría ser un buen vehículo para lucir a Rita Hayworth en una nueva versión de la obra de Zola, dirigida por Fritz Lang. Retrasos en el rodaje en Canáda y problemas de Rita para salir de los Estados Unidos la sacaron del proyecto y, aunque se terminaron filmando los exteriores en las instalaciones de un ferrocarril en California, la Columbia ya había decidido que Glenn Ford y Gloria Grahame fueran los protagonistas.
La versión francesa hacía hincapié en los aspectos sociales de las motivaciones de la conducta de los personajes, mientras que “La bestia humana” (Human desire, ‘54), lo hace en los individuales. Fritz Lang y el guionista Alfred Hayes conocían a profundidad la novela, pero cuando Jerry Wald vio el guión estuvo a punto de rechazarlo. Dándose la siguiente conversación, conforme al relato de Lang: “Están equivocados los dos. Esto se llama ‘La bestia humana’. Pero todo el mundo es malo en nuestra película”. Lang le respondió: “Naturalmente porque Zola quería mostrar que en todo ser humano hay una bestia”. Wald replicó: “Los dos no lo entienden. ¡La bestia humana es la mujer…!
Glenn Ford: una estrella longeva (Segunda parte)
“El tesoro de la Sierra Madre” (The treasure of the Sierra Madre, ‘48) dirigida por John Huston y filmada en 1947 en México, estrenada el 7 de enero de 1948; “Sangre y plata” (Silver river, ‘48) de Raoul Walsh, estrenada el 29 de mayo de 1948 y “Oro maldito” (Lust for gold, ‘49) estrenada el 10 de junio de 1949, entraron las tres en proceso de preparación entre 1946 y 1947, encuadradas de forma amplia en el género del western, cuyo tema central es la avaricia del hombre y lo que está dispuesto a hacer por encontrar una mina fabulosa, ya sea de oro o plata, la cual de la noche a la mañana lo convierta en ultra millonario.
Entre el común de los aficionados al cine la más famosa es, obviamente, “El tesoro de la Sierra Madre” con Humphrey Bogart en el papel de Dobbs, le sigue “Sangre y plata” con Errol Flynn en el rol de Mike McComb, que siendo el único que logra encontrar el precioso metal, sin embargo su vida es marcada por la tragedia con resonancias bíblicas, al llevarnos a paralelismos con el Rey David, al traicionar a su mejor amigo, con objeto de quitarle su mujer, sellando con ello su caída; mientras que a la fascinante “Oro maldito” ha sido el tiempo la que la ido convirtiendo en una joya, casi tan difícil de encontrar en las salas de proyección o en el mercado del DVD, como la misma “Mina del Holandes Perdido”.
...[Leer la nota completa]Glenn Ford: una estrella longeva (Primera parte)
Si algo caracteriza a Glenn Ford es su longevidad, tanto en cuanto a los años que vivió, como a la duración de su carrera, iniciada en 1935 en escenarios teatrales, hasta su última aparición en una película para televisión en 1991, titulada “Final veredict” dirigida por Jack Fisk, en la cual hace del padre de un abogado interpretado por Treat Williams. 56 años de actividad profesional en donde de forma lenta y paulatina fue ascendiendo en la preferencia del público. Un tanto por estar ligado, en sus inicios a la Columbia Pictures, estudio que junto con la RKO, son considerados los “pequeños de los grandes”, en relación a la Metro, 20th Century Fox, Paramount, Universal y United Artists, los cinco de mayor renombre, ya que hasta a mediados de la década de los 50 se le consideró una “superestrella”, pues de 1956 y 1960 estuvo entre las “Top Ten Box Office Star”, siendo el primero de la lista en 1958. Alcanzó., por otra parte 90 años de existencia, al nacer el 1 de mayo de 1916, en la ciudad de Saint Christine, en Québec, Canadá y morir el pasado 30 de agosto, en su residencia de Beverly Hills, en Los Angeles, donde se encontraba prácticamente recluido desde 1992 debido a un ataque de apoplejía, que lo obligó a limitar sus apariciones en público, al grado que el pasado 1 de mayo, cuando la Filmoteca de Los Angeles le rindió un homenaje, en el cual se proyectó “Gilda” en una versión remasterizada, envió un mensaje de agradecimiento, grabado para tal ocasión.
Y efectivamente “Gilda” (Gilda) realizada en 1946 por Charles Vidor y en la cual brindó una sonora bofetada a su co-estrella Rita Hayworth, es una de las cintas que más fácil acude a la memoria de los aficionados, cuando se trata de evocar grandes escenas o momentos cinematográficos, aunque no se trata de la mejor de las obras protagonizadas por Glenn Ford, cuya filmografía abarca 106 títulos para el cine, aumentando a 150 si incluimos las películas y programas de las series que protagonizara para la televisión.
Enrique Rambal en el cine mexicano
El 15 de diciembre de 1971, murió de un paro cardiaco, el fino actor de teatro y extraordinario comediante cinematográfico Enrique Rambal Sacia, quien había nacido el 8 de mayo de 1924, en Madrid, España, aunque en otras fuentes dicen que en Valencia. Su padre, el valenciano, Enrique Rambal García (1886-1956), fue un celebrado director y actor de teatro en España. Al morir, Enrique Rambal, el que hizo carrera en México, estaba casado con la actriz Lucy Gallardo, con la cual procreó a Rebeca Rambal, que ha incursionado en el medio con cierta fortuna.
Enrique Rambal ha sido uno de los actores más completos que hemos tenido en México, a dónde llegó a radicar en la década de los cincuenta, aunque ya tenía fama de buen actor en su país natal. Triunfó en nuestros escenarios teatrales, haciendo desde comedias ligeras hasta dramas serios, pasando por su espectáculo folletinesco de cuadro bíblicos llamado “El Mártir del Calvario”, con el que obtuvo la fama fácil, ante un público indefenso a la avalancha de “ganchos al hígado”, propinados por una argumentación cursi y sentimental, con recursos de oratoria pueril y declamación de concursos de poesía para una secundaria, con un texto lacrimógeno de supuesto pensamiento religioso. Su consagración como un actor de primera la tuvo, aquí en México, con el monólogo “Bandera Negra”.
Douglas Fairbanks, prototipo de los galanes aventureros de Hollywood
Douglas Fairbanks, prototipo de los galanes aventureros de Hollywood, quién desde los lejanos días del cine mudo impusiera las pautas de la agilidad física, sonrisa cínica y un gusto irrefrenable por disfrutar de la vida al aire libre, en pos de aventuras peligrosas… o simplemente correr a los brazos de la mujer amada. En “El Ladrón de Bagdad” (The Thief of Bagdad) con un anillo en la oreja y una espada en la mano, era un héroe romántico y gran espadachín.
Errol Flynn ha sido quién más se ha acercado a la imagen propuesta por Fairbanks. Aunque tampoco hay que olvidar a Tyrone Power, con todo y su cara de niño bonito. Y, en parte, seguramente, Johnny Deep se inspiró en Fairbanks para su celebrada personificación del pirata Sparrows en la trilogía de “Piratas del Caribe”, por mencionar a una figura más cercana a las generaciones actuales de cinéfilos.